La iniciativa más ambiciosa de Santiago Caputo, conocido en el círculo Milei como un asesor influyente,—la reivindicación de la soberanía sobre Malvinas—está llegando a un terreno de posibles derivaciones costosas. Aunque no fue Milei ni Caputo quienes encendieron la chispa, fue Donald Trump quien reintrodujo la cuestión en la agenda argentina al insinuar un cambio en la neutralidad estadounidense para respaldar al país ante la cuestión malvinense. Ante ese marco, el propio Caputo vislumbró una oportunidad de múltiples dimensiones: que la causa sirviera para recargar al oficialismo como actor central del debate nacional y para desafiar, siquiera simbólicamente, la histórica propensión del peronismo a orientar la política exterior con tono nacionalista.

En paralelo, la jugada busca convertir ese impulso en una ventaja en su lucha interna por poder y recursos. Caputo argumentó la necesidad de un Consejo de Seguridad Nacional integrado por funcionarios fieles a su mando y, con esa justificación, consiguió nuevos fondos para áreas bajo su influencia, especialmente Defensa e Inteligencia. En su lectura, controlar estos vectores permitiría sostener un dispositivo de seguridad y de inteligencia que le otorgaría margen de maniobra dentro del Gobierno.

El desarrollo enfrenta varios obstáculos. La economía argentina se mantiene inestable y eso suscita preocupación en Washington, que observa con cautela el curso de la gestión de Milei. A ello se suman tensiones con una administración amiga como la de Chile, liderada por José Antonio Kast, que intensifican el enredo regional. También se recrudecen las luces amarillas sobre la rivalidad interna con Karina Milei, figura de un sector dentro del oficialismo, y surgen temores sobre posibles impulsos autoritarios en la relación con la oposición y la prensa. Adicionalmente, crecen las incertidumbres respecto de la relación con países que el equipo económico suele consultar para financiación externa.

El balance provisional de la movida de Caputo plantea dudas sobre el método —o la ausencia de método— con que se toman decisiones relevantes, especialmente en materia de política exterior. El Mago llevó a su jefe por un terreno sinuoso, de cartografía poco conocida, y ahora deben intervenir otros jerarcas del oficialismo para estabilizar la situación y “rescatar” al Presidente ante posibles desbordes. En ese entramado, Caputo muestra que no está sujeto a responsabilidades formales: fuera del escalón oficial, actúa como un asesor particular que cobra por sus servicios.

Hace dos semanas, la Ley de Defensa de la Soberanía Nacional, conocida como Ley Malvinas, fue impulsada para afrontar peligros súbitos. El 31 de agosto, Trump dejó entrever la posibilidad de revisar la neutralidad histórica de Estados Unidos para apoyar a Argentina, en medio de tensiones con Reino Unido por Irán. Una semana más tarde, la premura pareció suavizarse y la dinámica legislativa dio señales de pausa, alimentando aún más la incertidumbre sobre la dirección de la política exterior en tiempos de gestión Milei.