Estados Unidos, 2026. Dirección: James Watkins. Guion: Mike Flanagan y Hossein Amini. Intérpretes: Tom Rhys Harries, Naomi Ackie, Max Minghella, Eddie Marsan, David Dencik y Nancy Carroll.
La película plantea desde el inicio una tensión entre dos estilos narrativos: Amini aporta una mirada variada, con influencias que van desde thrillers sofisticados hasta dramas de alto componente atmosférico; Flanagan, por su parte, representa una línea más marcada por el terror contemporáneo, que conjuga lo sobrenatural con complejas dinámicas psicológicas. El resultado parece tirar de ambas sensibilidades, sin decidirse por completo si debe ser un relato sobre identidad en crisis, una exploración de los límites de la ambición científica o un thriller sobrenatural de venganza.
El tramo inicial parece liderado por Flanagan. Matt Hagen (Tom Rhys Harries) es un joven actor en ascenso que se mete en líos al involucrarse con la novia de un capo mafioso. La consecuencia es brutal: el narcotraficante lo desfigura, destruyendo no solo su apariencia sino también su principal herramienta de trabajo. Queda sin dinero, sin carrera y en un departamento modesto de un barrio con riesgos, mientras el mundo parece haberle cerrado todas las puertas.
En esa coyuntura surge una posibilidad que cambia el rumbo de la historia: un tratamiento experimental de regeneración celular desarrollado por la doctora Caitlin Bates (Naomi Ackie). La idea de recuperar su rostro resulta tentadora, y Hagen reaparece ante la industria como si nada hubiera cambiado. Pero el efecto no aguanta la prueba del tiempo: la cara empieza a desdibujarse, deslizándose de su faz. La solución provisional llega a través de elevar la dosis de la sustancia inyectada, con la consecuencia de que el propio cuerpo comienza a exigir cada vez más para mantener la apariencia.
Ya en su segunda mitad, la película intenta sacar provecho del body horror: la desesperación de un hombre que ve cómo su cuerpo vuelve a traicionarlo; la frontera entre belleza y monstruosidad se va volviendo más porosa; y surgen preguntas sobre la identidad y la relación entre imagen y realidad. El resultado es una propuesta que, si bien logra generar tensión y atmósfera, queda siempre a medio camino entre el drama psicológico y el thriller con dosis de terror sobrenatural.



