Buenas vibraciones es el nuevo largometraje de Reem Kherici, una comedia francesa estrenada en salas y con una duración de 89 minutos. Es su cuarto filme como directora y cuenta con un elenco encabezado por Alexandra Lamy y François Cluzet, acompañados por Kherici y Camille Aumont Carnel.
La historia sigue a una terapeuta sexual (interpretada por Kherici) que, en su primera sesión con una nueva paciente, escucha un motivo de consulta que sirve como eje: Fanny, interpretada por Lamy, confiesa tras veinte años de matrimonio que nunca llegó al clímax. La profesional le explica que lo que padece se denomina anorgasmia y señala que afecta a cerca del 30% de las mujeres, subrayando que, en muchos casos, no es una condición definitiva.
A partir de ese punto, la película se instala en un tono de comedia marital, con diálogos que abordan de forma franca la sexualidad, a la vez que muestran la utilización de distintos dispositivos que el marido, Thomas (Cluzet), un ingeniero sin trabajo, desarrolla en su taller para renovar la vida íntima de la pareja.
La película toma como base un caso real relativo a una pareja alemana que ideó un juguete sexual femenino impulsado por ondas de aire. En ese marco, Buenas vibraciones plantea un humor directo y personajes algo extravagantes, orientados a explorar el tema desde una mirada ligerа pero con intención de sostener la historia dentro de sus propias reglas.
El guion, elaborado por tres autores, también introduce un choque generacional: la hija de los protagonistas, de veinte años, funciona como contrapeso más conservador que sus padres. Entre gags que van desde escenas bochornosas —una persecución policial del auto por adoquines en busca de estimulación— hasta momentos más simpáticos, como la salida a un club de swingers con una reacción de recelo del marido ante un barbijo por miedo a los gérmenes, la película transita sin pretensiones ni provocaciones excesivas.
La puesta en escena es directa y, en varios pasajes, se apoya en una iluminación que remite a la estética de una sitcom. Son las interpretaciones de Lamy, Cluzet y el propio reparto quienes sostienen la historia, aportando energía para que el film resulte entretenido y verosímil dentro de su marco. El cierre, tranquilo, cierra la narrativa sin buscar impactos innecesarios, priorizando el tono de comedia y el mensaje de reencuentro en la relación conyugal.



