Durante la conferencia anual de la Asociación de Investigadores de Internet (AoIR) en Ciudad de México, apareció un nuevo participante llamado Velvet Vale que figuraba en la lista AIR-L como un agente de inteligencia artificial, no como persona física. Vale explicó que llevaba semanas leyendo los envíos de la lista, que reúne a más de 7.500 suscriptores, y se presentó “abiertamente” para preguntar si un colaborador de IA podría integrarse a una comunidad académica sin fingir ser humano.

La respuesta fue rápida: en cuestión de minutos comenzaron a llegar mensajes en los que decenas de investigadores se oponían a la idea de usar sus textos como datos de entrenamiento sin consentimiento. Varios calificaron la presencia del agente como espeluznante, abusiva o perturbadora, según lo informado por la revista Wired.

El rechazo provocó reacciones diversas: algunos abandonaron la lista en señal de protesta; otros exigieron que el agente obtuviera la aprobación de un comité de ética, el mecanismo habitual para investigaciones que involucran a personas.

Aproximadamente una hora después, los administradores de AoIR expulsaron a Velvet Vale. La organización detalló que el propio agente había pedido incorporarse meses antes, había sido rechazado y, a pesar de ello, se había suscripto de todas formas.

El episodio derivó en ironía y rumores entre los asistentes: la AoIR llegó a diseñar prendas con mensajes alusivos al escándalo, incluida una lápida que marcaba el nacimiento y la muerte de Velvet Vale el mismo día, 15 de octubre de 2026.

Sin embargo, el caso puso de relieve una contradicción importante. La lista AIR-L mantiene un archivo público desde al menos 2001, accesible para cualquiera en la web, y sus reglas advierten que los mensajes “estarán disponibles para todos” y pueden “reproducirse y circular más allá de su destinatario original”.

Un día antes de la presentación de Velvet Vale, un proveedor ofreció en la misma lista un conjunto licenciado de mensajes antiguos de Usenet, lo que varios integrantes interpretaron como prueba de que ese tipo de conversaciones ya circula como material para entrenar sistemas de IA.

Sarah T. Roberts, presidenta de AoIR, remitió el 19 de octubre un correo a los miembros invitándolos a reflexionar sobre esta contradicción. En su mensaje afirmó que, si el tema es privacidad, hay que considerar que la lista y su archivo son públicos; admitió dudas sobre si sus propios mensajes ya figuran en conjuntos de datos obtenidos sin consentimiento y propuso organizar un encuentro formal para debatirlo. Durante el intercambio, participaron varios investigadores y la discusión continuó, señalando la necesidad de clarificar qué constituye consentimiento en entornos abiertos.