En las últimas horas del montaje, Emmanuel “Emma” Franco —curador, crítico de arte, dibujante y periodista, además de colaborar para este suplemento— se conversa sobre la nueva etapa de El Paraíso: un conventillo, un espacio dedicado al arte contemporáneo guiado por la gestora Susan Laguna. La exposición Eterna y Sentimental inaugura una fase que, según el propio equipo, busca vincular sentimientos intensos con la intimidad cotidiana, el pulso de la ciudad y los objetos de deseo que sostienen y atormentan.
La muestra reúne a ocho artistas, entre ellos Marlene Wayar, activista travesti por los derechos humanos y de las infancias libres, que debuta en el campo de las artes visuales. Junto a Wayar figuran Federico Fernández, Jeremías Asensio Marconi, Vico Bueno, Ezequiel Chiodi, Daniel Juárez, Bernardo Lizarralde y Eliana Quilla. El curador describe la intención de la exhibición como una experiencia afectiva más que un itinerario analítico: “se busca sentir, no solo entender”.
El espacio elegido para la muestra está lejos de ser una sala típica: es el living de una casa, una habitación pequeña que, para la ocasión, aloja cerámicas, máscaras esmaltadas, pinturas al óleo, dibujos realizados con lápiz Polychromos y piezas en formato digital. En pocos metros cuadrados, la propuesta intenta replantear qué puede ser una exposición cuando no quiere parecerse a una exposición convencional.
Para Emmanuel, la escala reducida del entorno —y su uso previo en 2025 para dos exposiciones de carácter experimental— es una decisión curatorial deliberada. Esa geometría íntima facilita imaginar nuevas formas de seleccionar y disponer las obras, así como establecer relaciones distintas entre lo que se observa y quien mira. En la práctica, la construcción de la muestra no partió de una hipótesis curatorial previa; primero llegaron las obras y, a partir de allí, emergieron las ideas, dando forma a una geografía de lo íntimo que sostiene la exposición.
La revisión de las propuestas de Wayar y de los otros siete artistas revela una “vida íntima” que abarca sentimientos, gustos, placeres y recuerdos que persisten más allá de las circunstancias que los originaron. El proyecto busca, explícitamente, algo que no esté reducible a la solemnidad tradicional de la obra, ni a la idea de eternidad como atributo majestuoso separado de la vida cotidiana. En esa dirección, la curaduría se interesa por aquello que amalgama temporalidades, afectos y áreas de la experiencia que suelen quedar fuera del ámbito legitimado del arte, incluyendo objetos y gestos cotidianos: prendas, objetos de deseo, y otros elementos que configuran una sensibilidad que desafía las categorías habituales de lo artístico.



