Un conjunto de elecciones en escenarios muy diferentes podría, según analistas, marcar la dirección de la ultraderecha y de sus propuestas para los próximos años. Aunque cada caso presenta particularidades, se advierte una mayor coordinación entre actores en Estados Unidos y redes internacionales que conectan gobiernos, candidatos y foros.

Brasil: el balotaje entre Lula da Silva y Flávio Bolsonaro, programado para el 25 de octubre, confronta dos enfoques opuestos de hacer política. El análisis señala que la Casa Blanca ha mostrado apoyo a la candidatura de la ultraderecha, que ha utilizado estrategias mediáticas y un discurso centrado en la seguridad y en beneficios económicos individuales. En caso de victoria de Bolsonaro, se especula con un alineamiento más directo con la política exterior estadounidense y con un mayor acceso a las riquezas naturales de Brasil, que incluyen recursos como agua del Amazonas, petróleo, gas y minerales. Si triunfa Lula, el panorama podría volverse más complejo para la ultraderecha en el Congreso y en el Poder Judicial, dificultando la labor de sus proyectos.

Israel: el 27 de octubre se celebrarán elecciones generales que definirán el futuro político de Benjamín Netanyahu, así como la influencia de figuras ultraderechistas aliadas, como Itamar Ben Gvir y Bezalel Smotrich. Este proceso, que muchos observadores califican como un referéndum sobre seguridad y políticas internas, llega tras un marco de ataques y una creciente presión en materia de seguridad nacional.

Contexto regional y global: si bien los dilemas y las dinámicas varían, se señala una red de cooperación entre sectores conservadores y foros internacionales que busca coordinar mensajes y estrategias en distintos países. Aunque la influencia de Estados Unidos aparece como un factor relevante, los analistas advierten que el peso real de estas alianzas dependerá de los apoyos y resultados en cada mercado electoral.

Cierre: los comicios de octubre en Brasil e Israel podrían indicar una tendencia sostenida hacia una agenda conservadora y de seguridad en la región, o, en cambio, abrir espacios para matices y moderación si los resultados moderan las tensiones y las fracturas institucionales.