En España se advierte un cambio notable en el vocabulario político desde la llegada de Milei. El sanchismo, que a veces parece superar los límites de la crítica al PSOE, introdujo por primera vez el término “zurdo” en su repertorio, incluso para darle la bienvenida al argentino mediante un cartel en una de las sedes en Madrid.
Hasta ahora, los adversarios de turno eran mayormente descritos en clave de “rojos”. A partir de esta visita, esa etiqueta cede terreno ante una construcción discursiva que busca un nuevo énfasis en la pelea política.
El propio gobierno de Sánchez dio un giro que elevó la palabra “zurdo” a un estatus discursivo, repitiéndola, comentándola y dotándola de un tono que muchos perciben con orgullo. En esa dinámica, lo que suele ser un insulto termina funcionándole de herramienta para organizar el argumento de la izquierda en la campaña contra la ultraderecha.
Y no es el único efecto. La cobertura española de la visita mostró fallas y momentos que desbordan el protocolo habitual, incluso entre los medios de orientación derechista. El décor, más que un simple marco institucional, expuso un espectáculo que dejó en claro que la imagen de Milei genera tanto rispidez como curiosidad en distintos sectores.
La figura de la “motosierra”, símbolo de la retórica del presidente argentino, dejó de provocar sonrisas ni siquiera entre la ultraderecha. Abascal, líder de Vox, que durante mucho tiempo sostuvo una relación de cercanía, intentsó distanciarse ante circunstancias que podrían complicar una foto o una imagen pública vinculada a temas sensibles como la economía argentina y casos de corrupción. La tensión entre el alineamiento personal y el pesimismo político quedó a la vista.
Solo el estilo casi surrealista de la alcaldesa de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, llevó al extremo un acto mediático que terminó con escenas que, en nombre de su gestión, también mostraron a estudiantes reprimidos. Esa escena dejó a la vista una polarización que no parece simple espectáculo, sino una confrontación que continúa alimentando debates sobre la relación entre política, juventud y ciudad.
La presencia de Milei en España genera, en última instancia, una mezcla de sensaciones para quienes aprecian a Argentina y, al mismo tiempo, una señal de alarma para la izquierda española ante un panorama económico y social que, desde la visión de muchos, refleja problemáticas serias en su propio terreno.



