En Argentina, las transferencias interoperables iniciadas mediante códigos QR ya acumulan más de 102,5 millones de operaciones, según el último Informe de Pagos Minoristas del Banco Central. La cifra representa un crecimiento del 66,1% frente al año anterior y un movimiento total cercano a los 2,4 billones de pesos. En prácticamente la totalidad de estos pagos (cerca del 99%), la acción comienza con el escaneo de un código.
A pesar de este avance, surgen desafíos cuando se cruza una frontera: la mayor parte de estos sistemas fueron concebidos para operar dentro de cada país y no necesariamente para comunicarse entre sí. Es el caso de PIX en Brasil, de Transferencias 3.0 en Argentina y de los esquemas locales de Colombia, Perú y Bolivia. Si bien ofrecen rapidez en sus mercados, no siempre pueden interoperar de forma directa.
El informe Latam Fintech Rewired 2026 señala una transición desde iniciativas aisladas hacia una arquitectura integrada, en la que se priorizan pagos interoperables, prevención del fraude, identidad digital y modernización tecnológica. Estas capacidades se presentan como elementos estratégicos para las entidades financieras, que buscan abrirse a nuevos mercados sin haber de replicar toda la infraestructura.
“Los usuarios ya incorporaron el QR a su vida diaria y esperan esa experiencia cuando viajan, compran o trabajan con otro país. El problema es que detrás de una acción simple conviven sistemas, monedas y regulaciones distintas”, comenta Joaquín Fagalde, CEO y cofundador de Depay, una infraestructura global de pagos en tiempo real que busca eliminar las barreras invisibles entre sistemas locales. Añade que conectar esas redes requiere una infraestructura capaz de resolver esas diferencias sin transferírselas al usuario que paga.
El concepto clave es que, cuando las redes quedan conectadas, la persona puede escanear desde la app de su banco o billetera, ver el monto convertido antes de confirmar y abonar con fondos de su cuenta habitual. Del otro lado, el comercio recibe el dinero en su propia moneda. La conversión y la liquidación se procesan de forma automática, sin necesidad de una app adicional o una cuenta en el país de destino.
La seguridad no depende únicamente del código; en operaciones que se acreditan en segundos, el plazo para detectar un posible fraude se acorta. Por ello, los controles deben estar integrados al recorrido de la transacción, con validaciones previas, monitoreo en tiempo real, trazabilidad y cumplimiento de las normas aplicables en cada jurisdicción.
Aceptar pagos desde billeteras extranjeras puede ampliar la base de clientes, permitir cobrar en moneda local y reducir la dependencia del efectivo. Una conectividad más directa entre sistemas podría disminuir la cadena de intermediarios y abrir margen para reducir costos de aceptación.



