Axel Kicillof continúa delineando un proyecto político de alcance nacional sin anunciarlo formalmente, pero con movimientos que se perciben cada vez más cercanos a los de un contendiente. Sus equipos trabajan para darle una impronta federal y, además, buscan valorar su perfil en foros internacionales para contrastarlo con el rendimiento del presidente Javier Milei.

En la nota de Nueva York de la semana pasada, se le atribuyen al mandatario bonaerense gestos y definiciones orientadas a proyectar una figura con acento internacional. Uno de los ejes que se pretende reforzar es la capacidad de actuar como contrapeso frente a los distintos estamentos de poder, tanto en el plano interno como externo. En un encuentro descrito, Kicillof afirmó, en una conversación de corte político, que están surgiendo noticias que, según él, impactarán en la realidad argentina, subrayando la necesidad de enfrentar la crisis del país.

Para noviembre, la agenda prevé un paso por China: Kicillof planea participar de la Exposición Internacional de Importaciones de China (CIIE) en Shanghái, del 5 al 10 de ese mes. Antes, su ministro de Gobierno, Carlos Bianco, se reunirá con el embajador chino para delinear los términos de la visita y la agenda a desarrollar. Un detalle estratégico: esas fechas coinciden con la visita del Papa Francisco a Argentina, que recorrerá el Cottolengo Don Orione en Claypole y encabezará una misa multitudinaria en la plaza frente a la Basílica de Nuestra Señora de Luján. En ese marco, se espera que Kicillof esté presente en ambos actos, lo que obligaría a una planificación logística de alto nivel.

La intención de construir una foto de liderazgo global —con encuentros con el Jefe de Estado del Vaticano y con representantes comerciales de China— se enmarca en un contexto de tensiones comerciales entre Estados Unidos y otros actores, que también repercuten en Argentina. En ese marco, ya se habían cerrado convenios para la provisión de baterías por Huawei, una decisión respaldada por la cooperativa CALF y que generó críticas y advertencias, incluso antes de que el embajador estadounidense Peter Lamelas expresara preocupaciones al respecto.

En lo político, el plan de Kicillof insiste en el multilateralismo. En el acto de cierre del Movimiento Derecho al Futuro (MDF) dijo que no buscan “un plan austríaco, norteamericano o israelí”, sino “una estrategia argentina, federal y contemporánea”. Señaló que otras corrientes pueden admirar doctrinas ajenas, pero sostuvo que la conducción debe originarse en una propuesta propia, que recupere la tradición de Perón: “Argentina para los argentinos”. Aun con ese marco, el diálogo público se mantiene disperso y, como en el tramo anterior, dejó inconclusa una parte de la discusión.