El economista Alberto Ades, quien participó de la última reunión de Gabinete por invitación del presidente Javier Milei, dijo que la preocupación de muchas familias por no llegar a fin de mes se explica, en parte, por la necesidad de corregir un nivel de consumo que resultaba insostenible. Su análisis se dio a conocer luego de que Milei cuestionara públicamente esa expresión en actos y en redes.
Ades partió de una pregunta recurrente: ¿cómo se compara el bienestar recordado durante los años del kirchnerismo con las limitaciones actuales que enfrentan los hogares? En un extenso mensaje publicado en X, afirmó: “La realidad es que una parte importante de aquel bienestar era, sencillamente, insostenible”.
Según su diagnóstico, los subsidios a servicios públicos, las jubilaciones y pensiones sin aportes suficientes, y otras transferencias estatales permitieron durante años sostener un nivel de consumo superior al que la economía podía financiar de forma permanente. Esa diferencia se cubrió, explicó, a través de déficits fiscales financiados con deuda, emisión monetaria y consumo de activos. Entre estos últimos mencionó las reservas internacionales, el deterioro de la infraestructura y la falta de reposición de bienes de capital por la baja inversión.
Para ilustrar su argumento, Ades empleó una comparación: una familia que gasta por encima de sus ingresos durante años. “¿Qué diríamos de alguien que, durante años, mantiene un nivel de vida superior al que permiten sus ingresos, endeudándose, gastando sus ahorros y vendiendo los activos familiares acumulados durante décadas?”, se preguntó. La respuesta, dijo, es que está viviendo una ficción que, tarde o temprano, termina.
El especialista en finanzas afirmó que el malestar actual por tarifas, ingresos o pérdida de ciertos beneficios debe leerse dentro de ese proceso de corrección. “Cuando hoy muchas familias sienten que no llegan a fin de mes porque deben pagar una proporción mayor del costo de los servicios públicos, o porque el Estado ya no puede seguir financiando determinados beneficios, están experimentando, al menos en parte, las consecuencias de haber vivido durante años con un nivel de consumo que no era sostenible”, señaló.
Ades reconoció que el ajuste tiene costos y que esos costos no siempre se distribuyen de manera equitativa. También pidió diferenciar entre el origen de los desequilibrios y las medidas para reducirlos, dejando claro que no se puede confundir la eliminación de un desequilibrio con la causa del desequilibrio.
En esa línea, rechazó la idea de que el país fuera más rico antes y más pobre ahora, sosteniendo que gran parte de la prosperidad anterior se financiaba con ingresos futuros y con el patrimonio acumulado. La lectura de su exposición apunta a que las condiciones que originaron el proceso de corrección son el centro de la discusión, sin perder de vista los costos distributivos del ajuste. En síntesis, Ades subrayó que la actual incomodidad no es un fenómeno aislado, sino parte de un desfasaje provocado por un nivel de gasto no sostenible heredado.



