A las cinco de la mañana, cuando aún reina el silencio en Villa Gesell, Marina Basso se pone las zapatillas de trail y sale a buscar kilómetros. Su rutina no es común: es el único resquicio de un día que reparte cuatro empleos, tres hijos y la meta de volver a representar a Argentina en un Mundial de Trail para Master. Federada en la Asociación de Atletas Máster de Pinamar, esta mujer que corre con constancia convirtió la sierra en su refugio y cada carrera en un desafío mayor.

En diálogo con Infobae, Basso repasa la década que lleva corriendo, las frustraciones que le enseñaron disciplina y el anhelo que la impulsa: competir en el Mundial de Master Trail 2027, previsto en Suiza en junio del próximo año. Su historia va más allá de los kilómetros: es la voluntad de una madre de 42 años, separada, que cada semana reacomoda turnos, logística familiar y sesiones de entrenamiento para mantenerse activa.

La agenda de Marina no admite huecos para planificar. De lunes a viernes trabaja en una Casa de las Infancias, un espacio dedicado a la niñez. Por las tardes ofrece su talento como coach en un box de entrenamiento funcional. Los fines de semana atiende en una heladería; en verano, trabaja todos los días, mientras que en invierno sólo por la tarde los fines de semana. Además, ejerce como masajista cuando el cuerpo y la agenda se lo permiten. “Es un mal necesario, porque si no trabajara tanto no podría darles a ellos lo que necesitan y también poder cumplir mis sueños de viajar a las carreras y prepararme”, comenta.

Entre un turno y otro, la geselina encuentra el momento para entrenar. Sus mañanas de sábado y domingo las reserva para ir al fútbol de sus hijos y, así, llegar a tiempo a sus compromisos familiares. Su hijo mayor tiene 20 años y el menor, Mariano, 11, quien la acompaña en buena parte de esta aventura. “Va conmigo casi a todos lados”, dice con ternura. Divorciada hace siete años, comparte la crianza con su ex pareja. Cuando un evento se cruza con su fin de semana de crianza, una simple llamada soluciona la logística, y ese respaldo ayuda a dejar de lado la culpa que a veces aparece cuando escuchan a los chicos decir: “Pero ya te vas a trabajar”.

Todo comenzó hace una década: Basso salía a correr por hobby y, sin plan trazado, participó de una carrera de sierra, la Sierra de la Rosa, y algo cambió. “La sierra me atrapó”, recuerda. A partir de ahí, se alejó del asfalto y el trail se convirtió en el centro de su vida deportiva. Los primeros ocho años no fueron lineales: probó distintos entrenadores, cargó con lesiones y errores, pero cada tropiezo dejó una lección. Aprendió a ser disciplinada y a seguir adelante, enfrentando cada desafío con la mirada puesta en su objetivo mayor.