En Washington se interpreta como un compromiso total de la administración de Milei con la Argentina lo que, en clave local, se traduce en una serie de gestos y señales que la Casa Blanca mira con atención. La premiación de Javier Milei como “Campeón Global de la Libre Empresa” por la US Chamber la pasada semana es vista allí como un indicio de que el laboratorio político argentino podría convertirse en una ventana de oportunidad para el sector privado norteamericano, especialmente si se mantiene el tono de reformas que promueve el llamado proyecto libertario.
El entorno estadounidense no contempla a Milei solo como un personaje retórico: sus políticas económicas son, para muchos en Washington, una oportunidad para ampliar inversiones y para aprovechar cambios macro que faciliten la llegada de capitales. En este marco, se apuesta a una continuidad del modelo a través de apoyos que podrían ir desde mecanismos del Tesoro hasta gestos en foros multilaterales como el FMI, con miras a moderar eventuales desvíos o incumplimientos del programa económico. En la lectura oficial, las mejoras macroeconómicas pueden opacar rasgos de fondo como la composición del superávit o la necesidad de políticas de contención para gestionar la transición.
El análisis de la Casa Blanca subraya un enfoque prioritario sobre energía, minerales críticos, infraestructura y ferrocarriles, complementado por la posición geoestratégica de Argentina en el Atlántico Sur. El país aparece como un actor clave en la agenda económica global, vinculado a inversiones de firmas estadounidenses y con un papel destacado en la cooperación regional y con China. En este escenario, si Milei continúa, las perspectivas de inversión y cooperación bilateral se mantienen alentadoras; incluso ante un posible escenario electoral adverso, el paraguas del denominado RIGI podría acotar plazos, sin que ello anule la expectativa actual de un flujo de capitales ya en marcha.
Sin embargo, existen dos temas que generan preocupación en la Casa Blanca. El primero es el Tratado de Cooperación en materia de Patentes (PCT); mientras Milei recibía otro reconocimiento en Estados Unidos, se lograron las firmas necesarias para enviarlo al Senado argentino, donde las multinacionales farmacéuticas y de tecnología agropecuaria esperan su tratamiento con interés.
El segundo tema, más delicado, es la Ley Malvinas. Milei se alineó con el Proyecto de Defensa de la Soberanía Nacional, bailando con la idea de que Trump habría señalado la posibilidad de revisar su apoyo al Reino Unido en la disputa por la soberanía. Con la intención de recuperar la centralidad de la agenda interna, el mandatario argentino buscó capitalizar un sentir popular vinculado a la cuestión. Pero la redacción del capítulo de sanciones de ese texto encendió las alarmas en Washington, donde la medida es vista como un posible escollo adicional en la relación bilateral, justo en un momento en que Estados Unidos apuesta por sostener el impulso de reformas macro y por asegurar un marco estable para las inversiones.



