Javier Milei mantenía un encuentro con empresarios en Washington cuando, a más de ocho mil kilómetros, Buenos Aires transcurría bajo un clima de tensiones acumuladas. En las inmediaciones del Congreso se desató la quinta Marcha Federal Universitaria, que terminó con incidentes: encapuchados lanzaron piedras, hubo corridas por las calles, se utilizaron gases lacrimógenos y camiones hidrantes. El Gobierno pretendió vincular la movilización con una jugada de la oposición, defendió a las fuerzas de seguridad y señaló a los violentos, reiterando que no cederá en su batalla cultural. En ese marco, la SIGEN publicó una resolución que obliga a todas las universidades nacionales a presentar sus planes de auditoría interna antes del 31 de octubre.

En el ámbito legislativo, la oposición no logró romper el estado de sesión para intentar torcer el megadecreto 70/23. Se dispusieron 121 diputados en sus bancas, ocho menos de los necesarios para abrir el recinto, tras una secuencia de llamados, ausencias y movimientos de gobernadores como Maximiliano Pullaro (Santa Fe), Osvaldo Jaldo (Tucumán) y Carlos Sadir (Jujuy), que volvieron a mostrar que, cuando la necesidad lo exige, el ecosistema político opositor puede actuar con pragmatismo. En ese contexto, prosperó la decisión de restituir, dentro del proyecto de Inviolabilidad de la Propiedad Privada, los límites a la compra de tierras por extranjeros tal como habían sido concebidos durante el primer mandato de Cristina Kirchner. La expectativa está puesta en la sesión que el propio oficialismo convocó para el próximo miércoles.

La distancia física de Milei no significó ausencia política. Karina, originalmente planificada para quedarse en Argentina para coordinar las claves de una semana sensible, modificó su agenda a último momento, acompañó a su hermano y siguió las gestiones parlamentarias desde Estados Unidos por teléfono.

Al regresar, el viernes al mediodía, la cúpula de La Libertad Avanza deberá encarar desafíos: un panorama proselitista con dudas, un parlamento en constante ebullición y una economía con luces y sombras que alimenta inquietudes sociales y debates encendidos en la cúspide del poder.

Paralelamente, en un plano más estratégico, se comienza a fraguar una conversación interna sobre la posibilidad de la reelección en 2027. Aunque faltan diez meses para la inscripción de fórmulas, el tema ya ocupa un lugar destacado en las charlas del oficialismo.