Apple anunció durante la presentación de su nueva generación de dispositivos de gama alta la llegada de un diafragma físico y variable para la cámara principal. La novedad, que ya había sido adelantada por el analista Ming-Chi Kuo a finales de 2024, sitúa a los iPhone 18 Pro y Pro Max como los primeros modelos de la marca en incorporar este tipo de óptica.

El sistema está compuesto por un conjunto de seis láminas de material polimérico, cortadas por láser y con un grosor comparable al de un cabello, que forman el diafragma y se ubican junto al sensor principal de 48 megapíxeles de la generación Pro. Este diseño busca influir tanto en la cantidad de luz que llega al sensor como en la profundidad de campo de cada toma.

La apertura variable se regula de manera automática, sin necesidad de intervención manual por parte del usuario. Apple explicó que el ajuste responde a las condiciones de disparo y al entorno, con la finalidad de optimizar la captura en escenarios de poca iluminación y ofrecer mayor control sobre el desenfoque de fondo en retratos.

Entre los beneficios teóricos del diafragma que se abre más está la mayor entrada de luz, lo que reduce el ruido y mejora la exposición en ambientes oscuros. En teoría, una apertura más amplia facilita imágenes más claras cuando la iluminación es escasa, una de las áreas donde los sensores de teléfonos móviles usualmente muestran sus limitaciones frente a cámaras dedicadas.

Sin embargo, aún no se dio a conocer el rango exacto de aperturas disponibles en estos modelos. Ese dato resulta crucial para evaluar cuánto ámbito real de control creativo tendrán los usuarios, ya que la utilidad de la función depende del abanico de números f que se pueda emplear.

En suma, la apertura variable representa un giro importante para Apple, que suma una tecnología poco común en smartphones. Su impacto real dependerá de cuánto pueda extenderse el rango de ajustes y de qué tan bien funcione la automatización en diferentes escenas.