En un periodo de 72 horas, el INDEC difundió cuatro informes relevantes de rubros sensibles. El martes se publicó el relevamiento de salarios; el miércoles, se divulgó la evolución de ventas en supermercados, mayoristas y shoppings para julio; el jueves apareció el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMA) correspondiente a julio; y ese mismo día, el registro de pobreza para la primera mitad del año se sumó a la lista de datos que alimentaron el ánimo económico.
Como primera respuesta, el oficialismo buscó mitigar el efecto, destacando coyunturas y trazando comparaciones estadísticas. Aun así, el cuadro general resulta complejo: la sucesión de informes se da en un contexto de debate político que, desde Olivos, no logra amortiguar el golpe de estas noticias. A ello se suman las fricciones internas dentro del sector libertario que acompaña al Gobierno.
La agenda de la semana contaba con dos ejes de distinta magnitud. Por un lado, el viaje de Javier Milei a Estados Unidos para participar de la Asamblea General de la ONU; por otro, la actividad en el Congreso. El Gobierno sabía, o tenía indicios fuertes, de que serían días marcados por cifras negativas o, al menos, por señales desfavorables, y consultoras privadas indicaban aumentos de pobreza e indigencia —algo menor que el previsto por el INDEC— o nuevas caídas del consumo masivo en agosto. No se trata, en su lectura, de una cuestión meramente circunstancial.
La dinámica entre política y economía es bien conocida: los oficialismos aspiran a que los resultados económicos sostengan su relato y sus planes, especialmente en clave de reelección. Cuando eso no sucede, la economía depende de que el juego político del Gobierno mantenga expectativas y guíe el tema público. En ese marco, el giro sobre Malvinas fue interpretado como una jugada que genera malestar en Olivos: se rechaza la crítica opositora como “basura” y se sostiene que la movida responde a una estrategia que, según dicen, se gestó desde que asumió el poder, más allá de cualquier intento de capitalizar presiones externas como las de Donald Trump sobre la laborista británica.
Malvinas fue también centro de la presencia de Milei en la ONU, con escasas posibilidades de un encuentro paralelo con Trump, que finalmente no se dio. En su discurso ante la Asamblea General, el Presidente ratificó el alineamiento internacional y buscó modular su estilo, aunque dejó una contradicción al reclamar una intervención más efectiva de un organismo mundial que, días antes, había descalificado.
Un segundo foco político, para el círculo de Olivos, apuntaba al Congreso: esperaba avanzar en Diputados con el tema de discapacidad y coronar proyectos en el Senado, después de algunos disgustos. Lo ocurrido es que la dinámica legislativa dejó dudas: la cartelera de iniciativas no logró cerrar acuerdos significativos y la tensión entre cámaras se hizo evidente, amplificando la mirada crítica sobre la capacidad del Gobierno para empujar su agenda.
En síntesis, la combinación de datos económicos y fricción política mantiene la incertidumbre sobre el rumbo del corto plazo, tanto en lo social como en lo institucional.



