A esta altura de 2026, Axel Kicillof encarna dos realidades: por un lado, su candidatura a la presidencia ya está consolidada dentro de un armado político que pretende expandirse a nivel federal; por otro, la brecha con Cristina Kirchner se amplía, de modo que en el entorno del kicillismo ya se adivina que cualquier salto definitivo requerirá una negociación que involucre al cristinismo, aunque no haya certezas de que esa vía alcance consenso.
El acto celebrado el último sábado en Avellaneda funcionó como una señal inequívoca de que el gobernador bonaerense apunta a convertirse en precandidato de cara al año que viene, y que el paso para convertirse en candidato dependerá, entre otros elementos, de una PASO o del juego de presiones que, según algunos observadores, podría intentar imponer el cristinismo y el massismo.
Con ese marco, Kicillof decidió afianzar su posición sin declarar de forma explícita una postulación. Contrario a los enfoques de algunos de sus colaboradores cercanos, optó por sostener una estrategia de ganar terreno de a poco, sin buscar un golpe contundente o un choque frontal que desgaste su plan.
La conducción provincial avanza con un plan propio, sea correcto o no, sea agudo o torpe. Mantiene un perfil bajo para evitar alimentar una confrontación interna abierta y, al mismo tiempo, deja claras señales de que pretende abrir una revisión de las reglas internas que definan el futuro proyecto político. En Avellaneda, el gobernador recordó las diferencias con Cristina Kirchner que llevan años nutriéndolas y dejó entrever su rechazo a una “construcción política” que se maneje desde una cúpula, apostando a un proceso de cambios que surjan desde la base.
Kicillof reafirmó su voluntad de explorar nuevas direcciones y canciones políticas, interpretadas como una rebelión frente a las críticas internas y un intento de sumar aciertos para un proyecto que, según él, debe construir un marco más amplio y participativo. En el núcleo kirchnerista sostienen que sus movimientos pueden estar equivocados y no priorizar el interés colectivo, mientras el gobernador insiste en que el camino que propone busca un desarrollo más inclusivo.
“Habrá que ver si el año que viene podemos avanzar hacia un acuerdo o no. Por ahora decidimos dejar de pelear con ellos. Lo que hagamos, no les servirá a ellos. No hay una pelea interna, hay un sector que ata a otro y nosotros seguimos por otro camino”, afirmó uno de los funcionarios clave del gobierno bonaerense.
En medio de mensajes cifrados y actos de gran formato en una etapa en la que las convocatorias callejeras pierden peso, Kicillof parece ganar terreno en la ruta que lo proyecta como candidato presidencial del Partido Justicialista.



