La dinámica de compra en los almacenes de barrio continúa debilitándose, reflejando cambios en los hábitos de las familias argentinas. Los clientes llevan menos productos y priorizan lo indispensable, recurriendo a opciones más económicas y a segundas marcas para estirar el dinero ante cada mes.
Fernando Savore, vicepresidente de la Federación de Almaceneros, explicó que la desaceleración de la inflación no se ha traducido en una recuperación sostenida de las ventas. Detalló que una parte significativa de los ingresos se destina a servicios, transporte, salud y otras obligaciones, lo que reduce el dinero disponible para el consumo diario. “La gente compra lo justo y necesario”, afirmó, describiendo un escenario en el que cada compra se planifica y se compara precios antes de decidir.
A esa realidad se suman subas en ciertos alimentos. Savore indicó que los lácteos mostraron un incremento del 4% en el último mes, un ajuste que se traslada a los precios que ven los clientes en góndola. “La leche hoy se vende por encima de los $2.000 el litro”, advirtió, subrayando el desafío para las familias que deben manejar presupuestos cada vez más ajustados.
La demanda de primeras marcas cayó con fuerza. Uno de los principales problemas identificados es la proporción de ingresos que destinan los hogares a gastos fijos antes de realizar sus compras habituales. “Todos hablan de un 40%”, señaló Savore, al aludir a gastos como servicios, transporte, cobertura médica y otras obligaciones ineludibles. Como consecuencia, el dinero disponible para alimentos, vestimenta y otros rubros se reduce. “Solo el 60 queda para vivir”, sintetizó, ante un contexto en el que los comercios de cercanía observan que los clientes reducen cantidades y concentran el gasto en lo básico.
Sin perder de vista el marco inflacionario, Savore reconoció que la mayor estabilidad de precios permitió modificar algunos comportamientos que se habían instalado durante las etapas de inflación más alta. “Antes había que salir a comprar apenas cobraba el sueldo, porque al día siguiente subía todo”, recordó, al valorar la necesidad de adelantar compras para evitar remarcaciones.
En diciembre de 2023, la aceleración inflacionaria tuvo un impacto claro en las decisiones de consumo y en el funcionamiento de los comercios: “Llegamos casi en un mes a treinta puntos de inflación, casi un punto por día”. Aunque la mayor estabilidad de precios facilitó una reorganización de las compras, los almacenes no lograron recuperar plenamente el ritmo previo de ventas.



