Un informe del grupo financiero suizo UBS advierte que el costo político asociado a las políticas de austeridad se incrementa con el tiempo y pone en riesgo la viabilidad del plan oficial del equipo de Javier Milei. El análisis señala que la persistente caída del empleo y de los ingresos reales condiciona las oportunidades electorales del Gobierno, y sostiene que la stabilización de precios ya no es suficiente si no se traducen en mejoras concretas en la calidad de vida de la población.

Los analistas destacan que la desinflación dejó de funcionar como garantía de gobernabilidad, abriendo espacio a reclamos vinculados a la economía real. Según el informe, avanzar en inflación por sí solo ya no garantiza un apoyo electoral amplio ni facilita una reelección; las preocupaciones se desplazaron hacia el empleo y los ingresos, por lo que la recuperación económica será un factor decisivo desde lo político.

El documento centra su diagnóstico en un cambio de demanda en la sociedad argentina, que habría desplazado al programa oficial de su zona de confort. A partir del seguimiento de estudios de opinión pública, el informe indica que la inflación figura ahora cerca de la mitad de la lista de preocupaciones de la gente. Las problemáticas relacionadas con la pérdida del poder adquisitivo del salario superan el 50 por ciento de las menciones, seguidas por la incertidumbre económica (49,8 por ciento) y la pérdida de empleo (40,9 por ciento).

UBS subraya que esta dinámica evidencia la rapidez con que los votantes reconfiguran sus exigencias una vez superado un problema previo, dejándose de lado un margen de tolerancia social cada vez más acotado frente a un esquema de ajuste.

La entidad recuerda además que, si bien la gestión logró alejar al país de la hiperinflación mediante consolidación fiscal, una política monetaria restrictiva, la estabilización cambiaria y la desregulación, ese “ordenamiento contable” tuvo como contrapartida un impacto directo sobre la capacidad de consumo y la actividad económica.

En ese marco, el informe plantea un dilema: el tiempo para aceptar ajustes dolorosos a cambio de una hoja de ruta incierta tiende a cerrarse. Concluye que los votantes podrían tolerar sacrificios si perciben avances creíbles y una orientación clara hacia una mejora en la calidad de vida.

Al dejar la inflación como problema central, la viabilidad del programa fiscal pasa a depender casi exclusivamente de la creación de empleo y de la recuperación de los ingresos reales; sin esos factores, el desgaste político podría volverse irreversible.