En la 33ª fecha del Grupo A de la Primera Nacional, All Boys y Godoy Cruz empataron 0-0 en el estadio de Floresta, en un encuentro que dejó una secuencia arbitral controvertida y prolongeda. Inicialmente, el árbitro Nicolás Lamolina cobró un penal a favor del conjunto mendocino por una infracción dentro del área, según su lectura de la jugada.

La decisión desató el rechazo inmediato de los jugadores locales. Iván Zafarana, con el teléfono en mano, mostró una transmisión para argumentar que la falta ocurrió fuera del área, una lectura que fue respaldada por los protestones y que culminó con la expulsión del propio Zafarana. A partir de ese momento, Lamolina recurrió a la imagen que mostraba el celular para revisar la acción y terminó invirtiendo la decisión: el contacto había sido fuera del área y, por ende, el penal no correspondía. Este episodio se dio en un contexto en el que no existe VAR en la Primera Nacional, ni se permite usar imágenes de TV en vivo para asesorar la decisión mediante telecomunicaciones.

La revisión provocó una pausa prolongada: la interrupción total rondó los 24 minutos, con aproximadamente 16 minutos efectivos de juego detenidos ante las protestas de ambos equipos y las deliberaciones de la terna arbitral. Además, el partido ya había vivido otro fallo controvertido antes de este episodio: Lamolina había otorgado un penal a Godoy Cruz por lo que luego se señaló como una mano que, en realidad, incidió en la cabeza de Emiliano Purita.

Más allá de las controversias, el trámite judicial terminó manteniendo el marcador sin goles. Pasada la medianoche, Lamolina sostuvo que la situación discutida giró alrededor de dudas surgidas durante el proceso y que la intervención de personas no autorizadas fuera del estadio exacerbó el desorden. En su relato, recordó que, en primera instancia, el asistente Méndez le comentó que la infracción podría haber sido en la línea y que no estaba seguro de que fuese penal, lo que terminó derivando en la revisión que modificó el fallo inicial.