La jornada de Burkina Faso en Buenos Aires estuvo marcada por un arribo complicado. El conjunto africano permaneció varado en Casablanca, Marruecos, hasta el viernes y no estaba seguro de poder llegar a tiempo para el encuentro. Como consecuencia de esos problemas logísticos, varios jugadores de primer nivel quedaron fuera de la convocatoria y hubo que conformarse con un plantel mayormente sub-23.

Después de la llegada, el equipo se trasladó a un hotel en el centro de la ciudad, donde tuvo tiempo para una comida y un breve descanso antes de dirigirse en micro al Estadio Monumental. En la previa se notó el cansancio en los rostros de los jugadores, algunos con barbijos y otros con indumentaria ligera, pero todos salieron a la cancha ante la Argentina de Lionel Scaloni.

En la cancha, la diferencia fue marcada desde el inicio. Argentina se impuso 7-0, llevaría el ritmo del partido y encaminó la victoria con goles de Lautaro Martínez, Gianluca Prestianni, Nicolás Paz, Julián Álvarez, Franco Mastantuono y Giuliano Simeone, más un tanto en propia puerta para Burkina Faso.

Después del pitazo final, los jugadores africanos se ganaron una ovación del público y devolvieron el gesto con un saludo. En los vestuarios también se dio un momento de camaradería: jugadores de Burkina Faso intercambiaron camisetas con los integrantes de la Selección, y Ousmane Camara mostró las dos que consiguió, una con Nicolás González y otra con el dorsal 10 de Lionel Messi.

Pocas horas más tarde, en la mañana de este domingo, la delegación emprendió el regreso, cerrando una experiencia que quedó marcada por las complicaciones previas pero también por la inusual recepción recibida en Buenos Aires.