En Boca Juniors de la época, convivían las grandes figuras con jóvenes que buscaban hacerse un lugar. Edilio Cardoso nació en Alegrete, Río Grande do Sul, y llegó al club desde Brasil a los 18 años. Su camino hacia la Primera se gestó tras participar del torneo Efipan, donde Ramón Maddoni lo observó para Boca y lo invitó a probarse a fines de 2001.

La llegada no fue sencilla: Cardoso, junto a otro juvenil, pasó dos días en una pensión de Villa del Parque esperando una convocatoria que nunca llegaba. Sin dinero y con poco alimento, sobrevivían con galletitas y guaraná hasta que Maddoni pudo volver a contactarlos y presentarlos ante Jorge Griffa en La Candela. Se quedó en Boca y avanzó a la Reserva en una época de competencia interna feroz, con delanteros del primer equipo como Marcelo Delgado, Guillermo Barros Schelotto, Antonio Barijho y Carlos Tevez; Mauro Boselli también emergía entre los juveniles.

Su única aparición oficial con la camiseta azul y oro llegó el 6 de julio de 2003, días después de la conquista de la Copa Libertadores. Boca visitó a Rosario Central con un once alternativo y cayó 7-2 en el Gigante de Arroyito. Cardoso ingresó y participó del primer descuento con el pase que derivó en el gol de Jonathan Fabbro. En esa ocasión, el equipo de Primera estaba bajo la dirección de Oscar Regenhardt, mientras Carlos Bianchi seguía ligado al club.

Poco tiempo después, sufrió una lesión en la muñeca durante un partido frente a Vélez Sarsfield. Los estudios revelaron un daño en el hueso semilunar, lo que obligó a una operación de urgencia y lo dejó fuera de las canchas por más de tres meses.

Durante las vacaciones, al regresar a Alegrete, salió a bailar con un amigo y se vio involucrado en una pelea a la salida de un boliche. Recibió una puñalada en el hígado, lo que obligó a intervenir quirúrgicamente. La cirugía inicial requirió abrirle el abdomen para atender la herida y, posteriormente, hubo una complicación: parte de los intestinos quedó adherida, lo que obligó a una segunda operación. Pasó ocho días internado y, después, ocho meses sin poder volver a jugar.

Años más tarde recordó la magnitud de aquella segunda intervención. Cardoso no logró recuperar su lugar en las canchas de Boca, y su historia se convirtió en el testimonio de cómo un tramo de su carrera quedó marcado por lesiones y un hecho violento. Hoy, en Alegrete, desempeña tareas de seguridad nocturna, recordando aquel paso fugaz por el club xeneize y el cambio definitivo que impuso ese 2003.