El Ejecutivo sostiene que el incremento reciente del riesgo país se explica principalmente por factores externos, en un marco de mayor volatilidad global. El indicador cerró la jornada de este viernes por encima de los 600 puntos básicos y llegó a tocar 628, resultado de una racha de diez sesiones consecutivas de suba, aunque luego moderó parte del avance. En julio había tocado un mínimo cercano a los 403 puntos, por lo que, desde entonces, acumula una pérdida de casi 200 puntos. La caída de bonos argentinos fue destacablemente mayor que la observada en varios vecinos de la región.
A nivel internacional, la subida se vincula a la desconfianza en el financiamiento global, ante señales de fortalecimiento de la Reserva Federal de Estados Unidos y a la rentabilidad de los bonos del Tesoro a diez años, que esta semana superó el 5%. En ese marco, el Gobierno afirma que la presión externa explica buena parte del deterioro reciente de los activos argentinos. “La ruta apunta a mayor inestabilidad”, señalan en Balcarce 50, donde además destacan que el ministro de Economía ya había señalado que Argentina enfrenta el choque con una posición externa más sólida gracias al crecimiento de las exportaciones y a un saldo comercial más favorable.
Con vistas a los próximos meses, los funcionarios confiaron en que la situación internacional podría empezar a normalizarse alrededor de las elecciones presidenciales en Estados Unidos. Consideran que una escalada de conflictos no sería conveniente para Donald Trump y esperan, en su momento, una disminución de tensiones y, posteriormente, de las tasas en ese país.
Las proyecciones de la propia Reserva Federal, tras la reunión de septiembre, no anticipan una baja rápida de las tasas: la mediana de las estimaciones sitúa el rango de fondos federales en 4,1% para fines de 2026 y 2027. El sendero dependerá de la evolución de la inflación y de la actividad económica, así como de las decisiones que tome el organismo en sus próximas reuniones.
En el Gobierno sostienen que Argentina cuenta con un amortiguador en el frente externo. El intercambio comercial del país acumuló un superávit de US$18.249 millones entre enero y agosto, y agosto cerró con un saldo positivo de US$2.187 millones, según el INDEC. Con ese colchón, aseguran, la economía local afronta el escenario internacional con una posición externa más robusta que en otros momentos.



