El Gobierno sostuvo que la mayor parte del incremento del riesgo país responde al entorno internacional, luego de que el índice este viernes alcanzara 628 puntos básicos, su nivel más alto desde fines de marzo, tras diez jornadas de alzas. Desde julio, el indicador acumuló una caída de casi 200 puntos respecto de su mínimo cercano a 403; la caída de los bonos argentinos fue mayor que la observada en varios países de la región.

La Reserva Federal de Estados Unidos elevó su tasa de referencia en 25 puntos básicos el 16 de septiembre, situándola en un rango de 3,75% a 4%. Paralelamente, el rendimiento del bono del Tesoro a diez años superó el 5% en la semana, un movimiento que encarece el financiamiento global y ejerce presión sobre activos de mercados emergentes. En la lectura oficial, esa presión explica buena parte del deterioro reciente. En el Ejecutivo señalan que la tendencia global se mantiene de inestabilidad y destacan que Argentina enfrenta ese choque con una posición externa más sólida, gracias al crecimiento de sus exportaciones y al saldo comercial.

Dentro del Gobierno también se espera que la situación internacional tienda a normalizarse alrededor de las próximas elecciones en Estados Unidos. Funcionarios creen que, si bien no se vislumbra una baja inmediata, podría haber una reducción de tensiones y, más adelante, de las tasas en EE.UU., especialmente si la contienda electoral no favorece una escalada de conflictos.

Las proyecciones de la Fed tras la última reunión no apuntan a una corrección rápida. La mediana de la dot plot ubica la tasa de fondos federales en 4,1% para fines de 2026 y también para 2027, y el sendero dependerá de la inflación, la actividad económica y las decisiones que adopte el organismo en próximos encuentros.

En Balcarce 50 resaltan que Argentina cuenta con un amortiguador en el frente externo. Entre enero y agosto, el intercambio comercial registró un superávit de US$18.249 millones, y agosto cerró con un saldo positivo de US$2.187 millones, segúnINDEC. Desde el oficialismo sostienen que esa fortaleza externa contribuye a mitigar la presión sobre el mercado de deuda y alienta la resiliencia de la economía ante el contexto internacional.