La noche en Morumbí sumó una carga emotiva para Leandro Lozano. Volvió a pisar ese estadio después de dos años, cuando aún defendía la camiseta de Nacional y, en aquel cruce de Libertadores frente a São Paulo, tuvo que asistir a su amigo Juan Izquierdo tras una caída en el césped. Aquel episodio, ocurrido en una revancha de octavos de 2022, quedó grabado como un momento duro para ambos y para quienes presenciaron la escena.
Ayer, ya con la camiseta azul y oro de Boca, Lozano fue protagonista dentro del terreno: desde temprano se destacaba por su entrega y concentración. A los 15 minutos del segundo tiempo, se desprendió hacia el área sin pelota, recibió un balón en el espacio de Leonel Flores y, de zurda, abrió el marcador para dejar el encuentro 1-1. Ese gol, clave para la clasificación, no solo significaba un triunfo deportivo, sino también el cierre de una historia que lo acompaña desde lo personal.
La celebración tuvo un sello de homenaje: Lozano corrió hacia una de las esquinas, dejó la mirada fija en el cielo, se apoyó en una rodilla y, al ponerse de pie, besó el cielo. Fue un gesto sencillo, pero cargado de significado, dedicado a Izquierdo y a su familia, en memoria de quien compartió más de dos años de amistad y momentos difíciles.
En la revisión de aquel episodio que los marcó para siempre, se recuerda que la última vez que Lozano y Izquierdo se cruzaron en un campo fue el 22 de agosto de 2024, en el mismo escenario del Morumbí, cuando, en un partido de Libertadores frente al mismo São Paulo, Izquierdo sufrió una crisis cardíaca que lo dejó fuera de juego. Lozano fue quien se acercó para asistirlo, intentando impedir que la situación fuera peor; lamentablemente, Izquierdo falleció cinco días después. Ese vínculo entre ambos quedó expuesto en cada acción de Lozano y, ahora, en cada celebración que lo recuerda.
Con el empate 1-1, Boca avanzó a las semifinales de la CONMEBOL Sudamericana, y Lozano, con su gol y su gesto, dejó claro que lo personal y lo deportivo pueden convivir en una misma noche.



