El Gobierno encara la campaña con una batería de movimientos: mensajes en redes, un nuevo viaje al exterior y una audiencia empresarial que se suma a la ecuación. Todo sirve para sostener un discurso que oscila entre el reciclaje de promesas de bienestar y una retórica sin límites que atribuye a “enemigos” la variación de los datos económicos. En plena etapa de campaña, con tensiones internas visibles, Javier Milei impulsa los picos de su línea libertaria, difundida -en algunos casos amplificada- por funcionarios, legisladores y tuiteros. El relato ya contempla plazos distintos para las promesas económicas y profundiza una narrativa de intentos desestabilizadores, a veces sin sustento, y que se explica desde el propio despliegue del Gobierno. Ese marco nutre además giros que complican la lectura oficial.
En este contexto, el reciente golpe de efecto lo dio la Corte Suprema de Justicia, al rechazar un amparo de ex combatientes de Malvinas. Con ello quedó vigente un artículo del decreto presidencial que permite la venta de tierras a extranjeros sin límites. El cambio de clima político y social explica gran parte del impacto: pasaron casi tres años desde la presentación de aquel recurso y más de dos desde la primera resolución favorable. Aunque el punto de fricción no parecía focalizarse en ese artículo al inicio, la actualidad lo coloca como un elemento central dentro del debate sobre el decreto DNU 70 y su lectura en el plano económico y estratégico.
En los meses recientes, especialmente tras la exhibición de la bandera por Malvinas en el Mundial, la cuestión de la soberanía volvió a la primera plana del temario público. Consultores advierten distintas intensidades del fenómeno, pero coinciden en que todo converge en las precauciones sobre su uso con fines políticos. En el marco del movimiento mileísta, ese fenómeno no se reduce a una línea doctrinal, sino que representa un giro estratégico en la narrativa soberanista.
La maniobra, según la interpretación dominante dentro del entorno, estaría atribuida a Santiago Caputo, quien habría ganado terreno en la interna frente a Karina Milei. La secuencia arrancó con una lectura más amplia que la futbolística, vinculada a una percepción de campaña antiargentina en un contexto mundialista. El Gobierno quedó descolocado por la repercusión del episodio del “trapo” con la leyenda Malvinas, que cayó desde una tribuna y fue exhibido por jugadores de la Selección.
El Presidente, por su parte, optó por asumir la nueva línea y potenció el tema: llegó a dirigir críticas a Brasil y moderó el tono hacia México. En el frente regional, esa jugada aparece conectada con la contienda electoral en Brasil, donde Lula da Silva y Flávio Bolsonaro disputan la primera vuelta. Más allá de los intereses propios y de la posible alineación regional, el oficialismo parece buscar un relato que apoye su posición en un escenario internacional estrechamente vinculado a dinámicas políticas internas.



