El proyecto de Presupuesto 2027 fue ingresado al Congreso este martes y presenta, en su marco macro, una inflación estimada de 18% interanual para diciembre del próximo año, un tipo de cambio mayorista de 1.847 pesos y una expansión del PIB de 4% anual. Los economistas destacan que estas cifras resultan más plausibles que las de años anteriores, aunque siguen apareciendo como optimistas dado el contexto de un año electoral.
Desde el Gobierno señalan que esos supuestos podrían verse afectados solo por factores externos, ajenos a la gestión, como shocks diplomáticos, climáticos o financieros. En el apartado Riesgos Fiscales y Escenarios Alternativos se mencionan posibles caídas en el precio internacional del petróleo, sequías, inundaciones y cambios en las tasas de la Reserva Federal; no se contemplarían, por ahora, aumentos de gasto para enfrentar esos riesgos.
La divergencia principal entre analistas y el Poder Ejecutivo se concentra en el crecimiento esperado. Las proyecciones privadas sitúan el crecimiento entre 2,5% y 3%, mientras que el Gobierno mantiene el 4%. Este jueves se publicará la estimación oficial del PIB correspondiente al segundo trimestre. En el trimestre anterior el incremento fue de 2,3%, y en el segundo trimestre de 2025 había sido de 6,5%, según el Indec.
La mediana del Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM), elaborado mensualmente por el Banco Central con aportes de consultoras, bancos y centros de investigación, apunta a un crecimiento de 2,9% para 2027.
“El panorama prende optimismo, aunque el 3% de crecimiento para 2026 ya aparece como un techo exigente si se toma en cuenta el EMAE”, señaló Gabriel Caamaño de Outlier. “En general, los gobiernos tienden a ser optimistas al presentar presupuestos. Este borrador es más realista que otros, aunque mantiene cifras de crecimiento e inflación que siguen generando debate”, afirmó Nicolás Gadano, de Empiria.
Fausto Spotorno, de O&J Ferreres, coincidió en que las proyecciones de inflación y tipo de cambio resultan razonables, aunque advirtió que el sesgo hacia un crecimiento cercano al 3% es notable. “El anterior proyecto fue demasiado optimista y terminó desfasando gastos reales respecto de lo proyectado”, añadió.
Diego Piccardo, de Fundación Libertad, destacó que la mayor divergencia está en la previsión de crecimiento. “Una expansión de 4% parece optimista para un año electoral, cuando la incertidumbre podría frenar consumo e inversión. Con dudas sobre ingresos y poder adquisitivo, hogares y empresas tienden a posponer decisiones; por ello, el crecimiento podría situarse alrededor de 2,5%”, explicó.



