La economía no está tomando el impulso que el Gobierno hubiera querido. Tanto el presidente Milei como su ministro de Economía, Luis Caputo, discutieron públicamente los datos del Indec, una señal de que no es la única preocupación en el oficialismo. En el pasado hubo actores que cuestionaron al mensajero y llegaron incluso a deslegitimarlo; ejemplos hay, como Guillermo Moreno en su etapa anterior. Hoy el Gobierno intenta evitar ese tipo de movimientos, pero el nerviosismo es notable y ya empieza a generar fisuras internas.
Con la campaña para 2027 en marcha, varios miran con lupa cada señal de cambio o desgaste. En este marco, Caputo aparece como una pieza susceptible de being objeto de críticas o de movimientos dentro del Palacio. El común denominador entre los dirigentes es que el fuego en este caso es ambiguo: puede verse como una presión interna para sostener el rumbo o como una tensión externa que alimenta la incertidumbre.
La semana pasada se encendieron las especulaciones tras una presentación técnica realizada por Alberto Ades, economista con trayectoria en Wall Street. En una reunión de Gabinete, Ades expuso una visión sobre economía global y argentina; luego, en medios y conversaciones internas, surgieron versiones sobre un posible recambio en la Secretaría de Hacienda. Ades aclaró que no recibió ninguna oferta para sumarse al Gobierno y que, de haberlo considerado, no habría mostrado interés. A su regreso a Nueva York, Ades explicó que había desayunado con Milei en la Quinta de Olivos y que el mandatario le pidió presentar su propuesta ante el Gabinete; Caputo, por su parte, no asistió a esa sesión. El Gobierno enseguida trató de dejar en claro que se trató de una cadena de coincidencias desafortunadas y que no había cambios en discusión.
Para el mercado, Caputo representa la cara pragmática del proyecto libertario, al menos en este mandato, y su rol es visto como clave para sostener la viabilidad del plan económico. No es casualidad, sostienen los operadores, que las dudas sobre el rumbo aparezcan justo cuando la atención está puesta en elecciones y transiciones. En ese marco, se reconoce que muchas decisiones de política económica que generaron ruido no partieron exclusivamente del equipo económico, sino que respondieron a impulsos o criterios propios del Presidente.
Entre los ejemplos que suelen mencionarse figuran decisiones como el desarme de las Leliq y la postura inicial respecto a acumular reservas internacionales. Milei ha sido explícito en su crecimiento de dólares y en ciertas tensiones con la autoridad monetaria; incluso admitió públicamente que no compartía la forma en que el Banco Central, bajo Santiago Bausili, manejaba las compras de divisas. El debate, apuntalan, no es meramente técnico: es una señal de que la combinación entre el marco ideológico y la necesidad de sostenerlo en la economía real sigue marcando la dinámica interna del Gobierno a pocos meses de importantes definiciones políticas.



