Aquella noche de marzo de 2022, Gonzalo Quesada iba a participar de una cena con Federico Martín Aramburú y otros ex Pumas —Marcelo Bosch, Octavio Bartolucci y José Orengo—, pero no pudo asistir por compromisos con Stade Français. A la mañana siguiente, al arribar al club, recibió la noticia del asesinato de su amigo. “Si hubiese estado con él en ese momento, por ahí habría terminado como él”, recordó.

Cuatro años después, el juicio contra los asesinos reúne el reclamo de justicia y el recuerdo de una persona descrita por todos como extraordinaria, en medio del dolor que dejó aquellos días traumáticos. Designado por la familia de Aramburú como uno de los tres amigos que participarán como testigos, Quesada dejó temporalmente su trabajo como entrenador de la selección italiana para viajar a París y declarar.

Desde el imponente Palais de Justice de París, en la Île de la Cité, a la altura de Notre Dame, el ex jugador habló para la prensa en un entorno emblemático de la ciudad. Muy cerca, también, del Mabillon y del bar del Boulevard Saint Germain donde se habría originado la pelea.

Durante el receso, buscó serenarse ante la emoción que le provoca la memoria. Las crónicas señalan que no pudo contener las lágrimas al recordar a su amigo. Según explicó, pensó en plantear ante el juzgado que Aramburú era un hombre de valores enormes, pero reconoció que la emoción complicaba su voz. Quiso expresar su testimonio de forma honesta y clara, describiendo a Aramburú en toda su grandeza y, al mismo tiempo, cuidando sus palabras para no favorecer la tesis de la defensa, que sostiene la legítima defensa. Admitió que le costó expresar exactamente lo que quería, y que en varias ocasiones se le quebró la voz.

Sobre el viaje, aclaró que no fue a París exclusivamente para declarar: llegó desde Italia y no sabía con certeza si el juicio iniciaría el lunes o el martes. Contó que reservó un pasaje para aterrizar el domingo y regresar el miércoles, y que bloqueó su agenda para el lunes, martes y miércoles.