La directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva, afirmó que la economía mundial enfrenta un escenario de marcada incertidumbre, con riesgos que provienen de tensiones geopolíticas, presiones sobre los precios de la energía y de los alimentos, y un endeudamiento público que sigue aumentando. Aunque la actividad global logró resistir mejor de lo previsto ante shocks recientes, la jefa del organismo subrayó que no hay que caer en la complacencia y advirtió que los gobiernos disponen de menos herramientas para amortiguar futuras crisis.
“La resiliencia no debe darse por sentada; no hay espacio para la complacencia en un mundo que cambia rápidamente”, señaló Georgieva en un documento divulgado durante las reuniones anuales del FMI y el Banco Mundial, que se realizan en Tailandia. Según su evaluación, el crecimiento global se mantuvo relativamente estable, pero persisten diferencias significativas entre países: algunas economías se beneficiaron de exportaciones de energía y de su participación en cadenas de valor tecnológicas, mientras otras sufren los efectos de conflictos, dependencia de importaciones energéticas y escasez de recursos para enfrentar shocks.
En ese marco, la jefa del FMI indicó que la guerra en Medio Oriente y el conflicto en Ucrania elevan los precios de las materias primas y aumentan la incertidumbre. Si las interrupciones se prolongan y se intensifican las presiones sobre energía y alimentos, podría haber un deterioro adicional de la actividad económica.
A estos factores se suman los efectos de El Niño sobre los mercados de commodities y la producción agrícola, así como las tensiones comerciales y el riesgo de nuevas medidas proteccionistas que afecten el comercio global.
Uno de los principales problemas identificados es la reducción de la holgura de maniobra de los gobiernos para responder a shocks. La deuda pública mundial continúa al alza y se acerca al 100% del PIB, mientras que el incremento de los rendimientos de los bonos soberanos eleva los costos de financiamiento y añade presión sobre las cuentas públicas. Este escenario podría trasladarse a los mercados emergentes y a economías en desarrollo, que enfrentan mayores dificultades para acceder a crédito y para cumplir con sus compromisos de deuda. “Los desafíos surgen en un momento en que los márgenes de maniobra de las políticas se han erosionado tras sucesivas perturbaciones”, afirmó el FMI, dejando en claro que las decisiones económicas se vuelven más limitadas, complejas y determinantes.
La inflación figura como otro foco de preocupación. Después de un periodo prolongado de aumentos por encima de las metas de los bancos centrales, el encarecimiento de las materias primas podría complicar el proceso de desinflación y limitar la capacidad de las autoridades monetarias para estimular la actividad sin poner en riesgo la estabilidad de precios.



