En el plano local, el riesgo país rompió la barrera de los 630 puntos básicos, un umbral que no se veía desde marzo–abril de este año. En paralelo, JP Morgan recortó su pronóstico de crecimiento para Argentina a 1,5% en 2026. Los precios de títulos públicos y de las obligaciones negociables se mantienen en terreno negativo, y las acciones argentinas cerraron septiembre con la mayoría de sus papeles en rojo.

Al otro lado del Atlántico, el mercado estadounidense, en el que varios argentinos invierten mediante cedears y ETFs, presenta una combinación contradictoria. La bolsa está en niveles históricos, con ganancias corporativas sostenidas y una demanda que no cede pese a que los rendimientos de los bonos del Tesoro son elevados. En la operativa diaria también se observan caídas intradía en distintos activos.

De cara al último trimestre, los analistas señalan que el entorno no es adecuado para todos los perfiles y que conviene identificar bien dónde posicionarse. Para un inversor agresivo con horizonte de largo plazo, las acciones siguen siendo una opción atractiva. Como pilar, se sugiere el S&P 500 a través del cedear SPY para capturar el crecimiento de las ganancias de forma diversificada. Dentro de ese marco, agregar tecnología de calidad con beneficios reales, como Meta o Alphabet, aparece como una vía razonable.

En el mercado local, la energía figura como una alternativa interesante para ganar exposición a proyectos de largo plazo, con nombres como Vista, TGS y YPF, que se presentan como puertas de entrada para invertir en Vaca Muerta.

Milo Farro, analista de Rava, señala que, si bien el S&P 500 ronda máximos históricos, el aumento de tasas en Estados Unidos es uno de los factores centrales a vigilar para la gestión de carteras. Las presiones inflacionarias derivadas del conflicto en Medio Oriente, la sostenibilidad de las cuentas fiscales y las emisiones de deuda vinculadas a la IA han provocado ventas significativas de bonos en EE.UU., con efectos globales.

En cuanto a la valoración, el S&P 500 cotiza a unas 19,5 veces las ganancias previstas, por debajo de su promedio de los últimos cinco años y ligeramente por encima de su media desde 2016. Este marco de múltiplos aporta una referencia relevante para quienes buscan balancear riesgo y rendimiento en el cierre del año.