En su jornada por Estados Unidos, el presidente argentino Javier Milei visitó la Yeshiva Darchei Torah, en Nueva York, donde le otorgaron el Premio Ohev Yisrael por su apoyo a Israel y su vínculo con la comunidad judía. En la intervención que siguió, el mandatario presentó ideas vinculadas a su próximo libro, La moral como política de estado, y planteó una lectura del capitalismo como un mecanismo ordenado por lo divino para que, pese a la caída, la actividad económica continuara.
Milei arrancó citando el epílogo de su libro para sostener una visión del capitalismo como una “maquinaria” concebida en un marco moral previo a cualquier estructura estatal o de mercado. Sobre ese punto, recurrió al Génesis para sostener que la creación, más que una enumeración de mandamientos, establece la base de la condición humana y del orden que, a su juicio, Dios imaginó para la sociedad.
El dirigente repasó la historia de Adán, Eva y la serpiente y enfatizó que, así como los hombres pueden elegir libremente, las naciones tienen la posibilidad de acatar o no los principios fundamentales que, según su interpretación, incluyen derechos a la vida, la libertad y la propiedad. En esa lectura, desviarse de dichos principios implica perderlo todo.
Según Milei, la caída de la humanidad se acompaña de un mandato de producción y crecimiento que, sin embargo, llega con restricciones y cierta incertidumbre; en este marco, el capitalismo aparece como el sistema que Dios dispuso para continuar el trabajo después de esa ruptura.
El mandatario afirmó que Dios no abandonó a la humanidad y dejó abierta una vía para retornar a su reino. En su exposición, ubicó a los Diez Mandamientos como un orden moral anterior a la existencia de Estado o mercado y sostuvo que allí se encuentran condiciones necesarias para que funcione un sistema capitalista.
Para entender su argumento, Milei enfatizó que los textos sagrados comienzan con un acto de liberación: Dios se presenta como liberador que rompe cadenas y saca al hombre de la esclavitud, fundamento del marco histórico que propone. En esa línea, citó el quinto mandamiento, al que atribuyó una defensa absoluta de la vida, como ejemplo de esa ética que, a su juicio, sustenta el ambiente propicio para el desarrollo económico.



