A casi tres años de haber asumido Milei, la economía argentina presenta dos caras marcadas: un peso fuerte de los sectores exportadores y, al mismo tiempo, debilidades en el comercio, buena parte de la industria y los grandes aglomerados urbanos, afectadas por tres procesos que corren en paralelo: apertura comercial, ajuste fiscal y un programa de estabilización. Para Nicolás Dujovne, exministro de Hacienda en la era Macri, esa heterogeneidad era previsible ante un cambio de modelo de esa magnitud.

En diálogo con LA NACIÓN, el economista explicó por qué estima un crecimiento cercano al 2% para este año, por debajo del 3,5% que el mercado tenía proyectado en enero, y advirtió que la incertidumbre por las elecciones de 2027 ya se refleja en la inversión, especialmente en los grandes proyectos del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI).

El exfuncionario señaló que el gasto primario nacional cayó notablemente, pasando de representar el 24% del PIB en 2015 a alrededor del 14% en 2026, y señaló que el desafío inmediato pasa por mejorar la recaudación y reducir la carga impositiva a nivel provincial. También valoró que el presupuesto para 2027 proyecte una inflación del 18%, cifra que, en su visión, podría funcionar como ancla de expectativas.

Sobre la situación actual, sostuvo que la economía continúa expandiéndose por segundo año consecutivo a un ritmo moderado del 2% del PIB, pero con elevada heterogeneidad. Los sectores orientados a la exportación tienen un desempeño sólido, no limitado a energía o minería, gracias a términos de intercambio elevados. Sin embargo, persisten diferencias entre el interior y el conurbano, entre sectores, entre empleo formal e informal y entre salarios registrados y no registrados.

¿Era esperable esta heterogeneidad ante un cambio de modelo? Dujovne contestó afirmativamente. Remarcó que Milei impulsó dos reformas de gran envergadura: un ajuste fiscal sostenido desde el inicio y una apertura económica, que convirtió a la Argentina en una de las economías más abiertas desde los años 90. Se aprovecharon herramientas como el Arancel Externo Común del Mercosur y se redujo el arancel promedio de 13% a cerca de 9%, además de eliminar restricciones cuantitativas a importaciones. También recordó la desaparición de licencias no automáticas —un tema que la OMC maneja en su transitorio marco— y la caída de prácticas pasadas como SIRA y DJAI. Con todo, indicó que la producción local quedó más expuesta y que ciertos sectores se contraen mientras otros se expanden al aprovechar sus ventajas.

En ese marco, subrayó la coexistencia de tres fenómenos que condicionan el paisaje económico: la presión del comercio electrónico sobre el comercio minorista, la apertura comercial y el programa de estabilización. Esa superposición, advirtió, está influyendo en la dinámica macro y en la marcha de la inversión, particularmente en el año electoral y en los proyectos de gran envergadura del RIGI.