La morosidad en créditos ha escalado hasta afectar a casi 6 millones de personas y, según Eco Go, ha permitido al oficialismo ganar iniciativa parlamentaria y sumar apoyos de aliados. El informe, elaborado con datos de la Central de Deudores (Cendeu) del Banco Central (BCRA) al junio de 2026, subraya que la morosidad está más concentrada en los hogares que en el sector empresarial, aunque no es indiferente para este último.

Un pasaje clave del análisis sostiene que, si bien el crédito en mora representa un peso limitado para los balances del sistema financiero, gran parte del crédito a personas se origina fuera de las entidades bancarias. Prestadores no bancarios y fintech no captan depósitos ni intermedian el ahorro del público, por lo que una subida de la morosidad no transfiere el mismo canal de transmisión que una cartera financiada con depósitos.

El verdadero problema, advierte Eco Go, se canaliza a través del deterioro del balance de las familias, la restricción y encarecimiento del crédito nuevo, y el impacto subsecuente en el consumo, la actividad y, cada vez más, en la capacidad de generar ingresos al afectar el capital de trabajo. Todo ello, además, tiene lectura política al cruzar la base electoral del Presidente.

En ese marco, la morosidad no configura un riesgo sistémico para el sistema financiero, pero sí constituye un desafío macroeconómico que complica una eventual reactivación ante una economía estancada, con cierre de empresas y caída de empleos formales.

La autora del informe, la economista Marina Dal Poggetto, destaca que tasas de interés activas elevadas, mayor endeudamiento y plazos más cortos, combinados con una caída de ingresos reales y del empleo formal, incrementaron fuertemente la carga financiera de los hogares. Al cierre de 2025, el peso de la deuda —pagos de capital e intereses— se ubicó en el 20% de los ingresos totales (incluidos salarios formales e informales), ocho puntos por encima del año anterior, lo que explica gran parte de la caída del ingreso disponible tras el gasto estructural (servicios y carga de deuda) y limita la capacidad de las personas para servir sus deudas y sostener el consumo.

La dinámica mostró una leve descompresión a partir de marzo, gracias a refinanciaciones “caso por caso” gestionadas por las entidades, pero, a nivel agregado, los indicadores siguieron en aumento. Eco Go identifica cinco motores que impulsan esta dinámica crediticia, sin detallar en el resumen, y concluye que la morosidad, si bien no amenaza al sistema, sí mantiene impedimentos relevantes para la recuperación de la demanda y la actividad económica.