El Fondo Monetario Internacional (FMI) estima que la economía global ralentizará su ritmo de expansión. Luego de avanzar 3,5% el año anterior, se espera un crecimiento de 3,1% en el año en curso y una recuperación más suave, de 3,4%, para 2027.
La directora del Departamento de Investigación del FMI y responsable de la estrategia analítica, la argentina Silvana Tenreyro, subrayó la notable resistencia de la economía mundial frente a una batería de shocks recientes. Entre ellos citó la pandemia, conflictos geopolíticos en Ucrania y Oriente Medio, y barreras comerciales. A pesar de estos impactos, afirmó, los mercados laborales se mantienen firmes y los sistemas financieros han soportado un endurecimiento monetario inédito en casi medio siglo.
En lo inflacionario, el FMI señala que, si bien se ha contenido parte del impulso, persiste una subida de precios vinculada, entre otros factores, a la mayor cotización de las materias primas. Se espera que la inflación promedio mundial sea de 4,7% este año y descienda a 4,1% en 2027. Por su parte, la inflación subyacente reduciría sus tasas de 3,9% en 2026 a 3,7% en 2027.
En cuanto al comercio internacional, se proyecta un crecimiento de 4,6% para este año y de 4,7% para el siguiente.
El FMI describe la economía global como un panorama atravesado por dos fuerzas opuestas: un choque negativo derivado de la guerra en Medio Oriente y un choque positivo generado por la ola de inversiones asociadas a la inteligencia artificial. Según la institución, ya no es posible analizar el fenómeno como un todo homogéneo.
El informe distingue dos grupos de países. Por un lado, están las economías integradas a la revolución tecnológica —entre ellas Estados Unidos, China, Taiwán, Corea del Sur y varios países asiáticos— que reciben inversiones sustanciales en semiconductores, centros de datos e infraestructura digital. Por otro, hay economías que soportan costos energéticos elevados y que capturan menos beneficios del nuevo ciclo tecnológico.
La consecuencia es una divergencia regional cada vez más marcada. Los exportadores de energía y las economías ligadas a la cadena de valor de la inteligencia artificial muestran un desempeño más favorable, mientras que numerosos importadores de energía enfrentan presiones cambiarias, menor crecimiento y restricciones fiscales más severas.
De cara al futuro, el FMI advierte que el escenario estará condicionado por precios energéticos elevados, costos de transporte mayores, tensiones geopolíticas persistentes y tasas de interés más altas por más tiempo. Aunque no se vislumbra una crisis global inminente, los amortiguadores acumulados en años recientes se están agotando; los gobiernos llegan a esta etapa con mayor deuda y menos margen fiscal para responder ante shocks.
Uno de los ejes centrales del informe es que el conflicto en Medio Oriente ha reinstalado a la energía como una variable clave para explicar la inflación y el crecimiento global, elevando la incertidumbre sobre el comportamiento de las economías en los años 2026 y 2027.



