Un análisis de Marcelo Elizondo sobre el comercio exterior argentino detalla que, tras tocar fondo en 2023 con una participación del 0,29% del comercio mundial, la Argentina logró avanzar hasta 0,39% en 2024. Ese repunte se produjo a partir de una caída previa ligada a sobreregulaciones, intervencionismo y, también, a efectos de la sequía. En la década de 1960, el país llegó a 0,81% de participación, pero ese techo no se volvió a alcanzar en años recientes.

A partir de 2024, el ritmo de las exportaciones argentinas empezó a superar la media global, iniciando una fase de rebote y recuperación de posiciones en el acervo mundial. Entre 2024 y 2026, Elizondo sostiene que el crecimiento de las ventas al exterior puede ubicarse por encima del crecimiento mundial, aun con un desempeño internacional aceptable.

El motor de esa trayectoria positiva pasa por inversiones clave en tres frentes: energía (especialmente Vaca Muerta), minería crítica bajo el paraguas del RIGI (litio y cobre) y la normalización de la agroindustria. Con ese impulso, se estima que las exportaciones podrían subir desde el nivel actual cercano a US$105.000 millones hacia un techo de US$179.945 millones para 2035, recuperando una participación global de aproximadamente 0,55%.

En un marco comparativo entre 2000 y 2025, la mayoría de países de América Latina expansionaron notablemente sus fronteras comerciales mediante modelos de especialización. En contraste, Argentina mostró un crecimiento mucho más débil: apenas 2,78 veces en valores corrientes. Según Elizondo, la nación ocupa la trayectoria más baja dentro del conjunto analizado, resultado de un entramado de distorsiones macroeconómicas que limitó su oferta exportable tradicional hasta el giro de tendencia iniciado en 2023.