Aún hay argentinos peleando por conseguir una entrada para la despedida de Lionel Messi, cuyo ticket se agotó en una hora y cincuenta minutos. Los precios elevados no frenaron la avalancha de interesados. Nadie imagina un estadio capaz de concentrar a todos los que querrían acercarse con hijos, padres o abuelos, y menos si se habla de una fecha tan señalada. Si el tema es la selección, lo inmediato es la despedida prevista para el miércoles 6. El pensamiento sobre el retiro del genio llevará su tiempo, y quienes conduzcan el nuevo proyecto deberán planearlo sin él.
El debate actual parte de un diagnóstico claro: Argentina ya cuenta con un bloque de jugadores que se sitúa en la élite mundial. Dibu Martínez, Cristian Romero, Lisandro Martínez, Alexis Mac Allister, Enzo Fernández, Julián Álvarez y Lautaro Martínez forman un bloque central estable, dos por puesto, suficiente para distribuir calidad sin perder equilibrios. Mientras ellos sostienen el tronco, el plantel necesitará incorporar complementos de mayor nivel o, al menos, futbolistas más considerados en la rotación.
No es solamente Messi el ausente que se notará. También se cierra el ciclo de Nicolás Otamendi y podría haber otros cambios significativos: la salida de una generación que marcó época abre la puerta a la renovación. Reemplazar el peso de un número emblemático implica más que buscar variantes en el once.
En ese marco, la camiseta con la diez en la espalda continúa siendo la prenda más codiciada a nivel mundial en los últimos años. En el último Mundial, fue omnipresente en las tribunas y en las pantallas, casi sin importar la nacionalidad de los aficionados. La diez seguirá siendo un símbolo, pero ahora estará “entre los protagonistas” de modo más equitativo: Lautaro viste esa diez en el Inter, Enzo podría llevársela con lógica, y hay varios candidatos para portarla, desde Thiago Almada hasta Nicolás Paz o Franco Mastantuono. Será, ante todo, una decisión táctica.
Luego aparece lo estratégico: la química de grupos, las sociedades de juego y los complementos. En la derecha, abundan los zurdos que pueden iniciar desde esa banda, lo que abriría vacíos que Paz, Mastantuono, Matías Soulé y hasta Paulo Dybala podrían disputar, si continúa en actividad. También se menciona a Gianluca Prestianni, un diestro con proyección que podría aportar desde esa zona si mantiene el arranque de temporada en ascenso con el Benfica. Hay talento; ahora, quizá, convenga probar un esquema distinto, una variante poco habitual que rompa con moldes antiguos. La ausencia de Messi podría convertir en oportunidad la chance de que Lautaro o Julián dejen el banco más seguido.
Más allá de nombres, el desafío para Scaloni pasa por afinar la articulación entre titulares y relevos. La pregunta central es si el equipo podrá sostener la brillantez sin el referente máximo, y cómo ensamblar la maquinaria para la próxima etapa. En ese equilibrio está, quizá, la clave del nuevo ciclo.



