La integración de Meta IA en WhatsApp genera opiniones divididas entre usuarios argentinos. Aunque la función permite consultar preguntas y generar imágenes, muchos eligen no usarla por motivos de privacidad, interés reducido o para conservar una versión más simple de la aplicación. A diferencia de Europa, en Argentina no es posible desinstalarla por completo, pero sí es factible disminuir su presencia y eliminar el acceso directo desde la pantalla principal.

El asistente se comporta como un contacto adicional dentro del chat, lo que puede resultar incómodo para quienes prefieren una interfaz limpia y sin elementos extras. Para reducir su presencia en la lista de conversaciones, existe un procedimiento técnico que permite ocultarlo. Al completar ese proceso, el asistente deja de figurar entre las conversaciones activas. Si en el futuro se quiere volver a conversar con la inteligencia artificial, basta buscar su nombre en la lista de contactos o iniciar un nuevo chat desde el botón ubicado sobre la barra de búsqueda. En definitiva, esta acción evita que el círculo azul aparezca en la pantalla de inicio.

Más allá de la estética, surgen inquietudes sobre el impacto de la tecnología. Se señalan cinco consideraciones clave para evaluar su uso: consumo energético asociado al procesamiento de datos, posibles errores en las respuestas, mayor distractibilidad en la rutina diaria, originalidad limitada de los contenidos generados y el riesgo de disminuir la curiosidad humana al depender de respuestas inmediatas y automatizadas. En particular, respecto a la profundidad de los debates, la herramienta podría afectar el aprendizaje en contextos educativos.

En cuanto a la seguridad, Meta IA afirma operar bajo protocolos estrictos. Expertos señalan que los mensajes se mantienen confidenciales y no se comparten con terceros, y que la plataforma no almacena interacciones previas ni accede al micrófono ni a conversaciones ajenas. WhatsApp, por su parte, enfatiza que el cifrado de extremo a extremo protege la integridad de los datos, impidiendo que la empresa lea el contenido de los mensajes. Aun así, persiste cierta desconfianza entre parte del público, que percibe la presencia de la IA como una vulnerabilidad para la privacidad informática.

La decisión de desactivar la herramienta se entiende como una forma de recuperar control sobre las funciones activas del dispositivo. Con este ajuste, la aplicación recupera su apariencia habitual y evita la presencia continua del asistente en la gestión diaria de los mensajes.

Este artículo fue elaborado por el equipo de LA NACION con asistencia de inteligencia artificial.