El Banco Central aceleró una caída en su ritmo de compra de divisas durante las primeras semanas de septiembre, al punto de quedar en mínimos para lo que va del año. En lo que va del mes, el organismo acumula US$203 millones, frente a los US$770 millones que había adquirido en agosto, un mes que ya mostraba una moderación previa en la adquisición de divisas.

El mercado observa con atención esta dinámica en el mercado cambiario, aunque se resalta como aspecto positivo que, ya superados los US$13.300 millones en lo que va del año, las compras se mantengan en curso. Ese comportamiento se interpreta en términos de una estrategia oficial orientada a limitar el dólar mayorista dentro del rango de flotación y a reforzar el ancla cambiaria hacia el cierre del año.

La consultora LCG señaló que el BCRA está operando con un ritmo de compra cada vez menor: alrededor de US$8 millones diarios la semana pasada y US$11 millones en las primeras ruedas de la presente, lo que representa apenas el 3% del volumen operado, con un dólar en mayor demanda. Este menor impulso comprador sugiere cautela ante la dinámica cambiaria; habrá que esperar los datos detallados del MLC para ver si existe mayor traslado de recursos por parte de personas físicas.

Desde los despachos oficiales, en cambio, se minimiza el peso de la mayor demanda privada y se atribuye la baja en la tasa de compras a factores estacionales. “Agosto y septiembre son meses secos; no hay registros recientes de compras del Central en estos meses en años recientes”, afirmó una fuente con conocimiento de las operaciones.

El Gobierno anticipa que, en los últimos meses del año, con buenas perspectivas para la cosecha de trigo y el inicio de la liquidación del cereal, podría incrementarse significativamente la intervención del Banco Central para adquirir dólares y reforzar las reservas.

Además de la estacionalidad, el equipo económico subraya ciertos factores vinculados al comportamiento del mercado. Señalan que, tras un periodo intenso de compras, la colocación de deuda del Tesoro en la curva larga se saturó; si el Central siguiera inyectando pesos para comprar divisas, esos fondos terminarían dirigiéndose a instrumentos de corto plazo, lo que podría desequilibrar el balance macro.

En cuanto al repunte de la demanda minorista, las fuentes oficiales lo relativizan como una señal de dolarización real. Consideran que la capacidad de ahorro de la población es estructuralmente rígida y no cambia de un mes a otro de forma abrupta. Según el diagnóstico oficial, parte de esas compras individuales termina entrando al mercado paralelo o funcionando como un atajo financiero para empresas que, sin acceso al mercado oficial, gestionan deudas comerciales o dividendos por vías indirectas.