Fueron seis meses que sacudieron una idea central de cara a las elecciones de 2027: que el modelo libertario encabezado por Javier Milei implicaría, además de más libertad, una mayor prosperidad. El bolsillo fue el espejo de esa expectativa, y el combinado de inflación, salarios, jubilaciones, pobreza y empleo no dio el golpe esperado.

La inflación golpeó con fuerza y afectó el poder de compra. El impulso inflacionario venía acelerándose desde fines de 2025, y el primer trimestre dejó números difíciles. En el marco de la discusión del presupuesto en el Congreso, ya en abril la Administración reconocía que la meta para 2026 había quedado atrás. En agosto, el IPC del Indec, que no actualizó sus canastas, duplicó aquella proyección del 10,1% y acumuló 20,3% en lo que va del año. Según la hoja de ruta vigente, el Gobierno estimó cerrar 2026 con 29% de inflación, apenas un punto menos que en 2025. No obstante, en los últimos meses mostró una desaceleración: agosto cerró con 1,7% y fue su mejor cifra en 14 meses. Para 2027, el ejecutivo fue más cauteloso y anticipó un crecimiento anual de 18%, dejando abierta la posibilidad de un nuevo ajuste si vuelve a asomar el ya mencionado “Riesgo Kuka”.

El impacto de esa tendencia inflacionaria se reflejó en el poder adquisitivo de salarios y jubilaciones. En el primer semestre, las escalas jubilatorias mostraron un desempeño desigual. La jubilación mínima, reajustada semestralmente en 15,2% por la falta de actualización del bono, terminó perdiendo 1,37% en términos reales en ese período. En cambio, el conjunto de los hogares con jubilaciones superiores vio una mejora de 1,28%.

En cuanto a los salarios, la inflación interanual fue del 20,3% en ese tramo, mientras que los salarios formalizados —según el índice del Indec— crecieron 18,5%, sobre todo por el impulso de salarios informales que aún mantiene rezagos. Los datos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) para el primer semestre serán divulgados en dos semanas con el informe de Distribución del Ingreso del segundo trimestre. Como referencia adicional, el Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) mostró una caída del 3,4% en salarios formales privados y públicos entre diciembre de 2025 y junio de este año. El salario medio del primer semestre se ubica aproximadamente 1% por debajo de los promedios de 2025.

El tema de la pobreza será otro punto de atención: el dato correspondiente al primer semestre se conocerá el 24 de agosto. El Gobierno ya admite, sin ambigüedades, que podría subir dos o tres puntos respecto del cierre de 2024 (28,2%). Esto implica un incremento de 1,7 millones de personas en situación de pobreza desde ese cierre, con casi 3 millones adicionales desde el último trimestre de 2025.

En síntesis, el desempeño de estos seis meses dificulta la lectura optimista de la narrativa oficial: los números muestran que la promesa de prosperidad acompañada de mayor libertad no se consolidó de forma uniforme, y la situación social y laboral continúa presentando desafíos significativos. La lectura final dependerá de las variables que cada medición priorice y de las decisiones futuras en torno a la política económica y su ejecución.