El Edelman Trust Barometer 2026 trae un giro notable: ya no basta con la polarización para describir la desconfianza; también se observa una retirada activa hacia círculos pequeños y homogéneos que reproduicen exclusivamente las propias ideas. A nivel global, un 70% de la población duda o directamente no confía en alguien con valores, fuentes de información o enfoques distintos a los suyos. En la Argentina ese porcentaje sube a 77%.

La caída de confianza es más severa en los gobiernos, que pierden 16 puntos netos en cinco años, seguida por los medios de comunicación, con una merma de 11 puntos, y, en menor medida, las ONG, que ceden 2 puntos interanuales. En contrapartida, las empresas salen mejor paradas: la confianza en ejecutivos y CEOs crece. El 66% de los empleados confía en su propio CEO, por encima de la visión general de “los CEO” o de los líderes de gobierno. Además, el 73% espera que los CEO lideren puentes entre grupos enfrentados, actuando como vehículos para la confianza.

Segundo acto: en el terreno de la IA, Dario Amodei (CEO y cofundador de Anthropic), Sam Altman (CEO de OpenAI) y Elon Musk (CEO de xAI) parecen coincidir en la necesidad de desacelerar el ritmo de desarrollo de los modelos de frontera. David Sacks, exasesor de la Casa Blanca en IA y criptomonedas, avisó: “si ya están marcando el ritmo, que lo hagan ustedes, porque son los que definen la frontera”. A la hora de la verdad, queda por verse cuánto de esto es una postura sincera y cuánto una jugada de relaciones públicas. En 2015 Musk cofundó OpenAI junto a Altman y dejó la empresa en 2018, argumentando que “OpenAI traicionó su misión de beneficio para la humanidad y buscó lucro”; Altman, por su parte, dijo que la salida se debió a que Musk quería más control y no lo consiguió.

Tercer acto: en los últimos meses, empresas como DoorDash, Siemens y Airbnb comenzaron a usar modelos chinos de código abierto, sustancialmente más baratos. No son los únicos: a comienzos de año, tres quintos de las consultas se procesaban mediante modelos propietarios cerrados; hoy esa proporción es de apenas una cuarta parte. Esto plantea preguntas sobre la capacidad de los laboratorios estadounidenses de frontera para monetizar la IA en el corto plazo.

Como cierre, la columna retoma la idea de “conectar los puntos” para entender, desafiar, exigir y actuar. En este marco, se invita a mirar la IA como un puente entre distintos actores y realidades, no como un dominio aislado. Se sugiere acompañar la lectura con la canción “Bridge Over Troubled Water” de Simon & Garfunkel, como guía para atravesar las incertidumbres.