El precio del maíz cayó con fuerza en la sesión del viernes en el mercado de Chicago, al terminar con una baja del 4% (US$ 8), situándose en US$ 188,87 por tonelada, su valor más bajo en siete semanas. En el mercado local, la caída fue de US$ 5, hasta US$ 198 por tonelada.

El informe de oferta y demanda mundial de granos del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) sorprendió al mercado al elevar la proyección de la cosecha estadounidense a 407,28 millones de toneladas, es decir, 6 millones más que la estimación publicada el mes previo (401,2 millones). Esta revisión al alza contrastó con las expectativas de una reducción, ya que muchos operadores anticipaban un recorte ante las abundantes lluvias que afectaron el cultivo.

Además, las existencias finales también aumentaron respecto del mes anterior: de 39,79 millones de toneladas a 46,97 millones, frente a los 42,60 millones que habían estimado los privados.

En diálogo con Clarín Rural, la analista de AZ-Group Lorena D’Angelo señaló que la noticia fue una gran sorpresa para el maíz: antes de la publicación, las proyecciones apuntaban a una caída de la producción, pero el informe terminó elevando la estimación por mayores rindes. Aun así, remarcó que el mercado mantiene fundamentos alcistas que podrían volver a pesar en las próximas sesiones.

Por su parte, la analista Mariela Brandolin destacó que, si bien la oferta maicera de Estados Unidos se ha tornado más holgada, Brasil continúa con un alto consumo interno para biocombustibles y enfrenta riesgos productivos por El Niño. Además, Ucrania permanece fuera del mercado por la guerra con Rusia. En ese marco, Brandolin sostuvo que, aunque ahora exista una reacción bajista, el sostén estructural para el precio del maíz sigue intacto porque los factores internacionales siguen en la misma senda.

En cuanto al trigo, el ajuste al alza de su cosecha no fue tan marcado como en el caso del maíz; lo que dominó la baja fue un efecto contagio. El trigo cayó US$ 4,5, hasta US$ 246,5 por tonelada. Como en el maíz, la estimación de producción estadounidense se incrementó, de 41,66 a 41,74 millones de toneladas, y las existencias finales subieron de 19,51 a 20,14 millones.