Laboratorios Valmax, histórico actor en el desarrollo del mercado de soluciones fisiológicas en monodosis en Argentina, dejó de producir por completo, desvinculó a 30 de sus 60 trabajadores y cerró el acceso a su planta ubicada en Ituzaingó. La empresa acumula deudas laborales: adeuda la mitad de los salarios del mes pasado y viene abonando haberes de forma fraccionada desde abril. Además, registra 196 cheques rechazados por un total de $156.526.850.
Ante la crisis, el Ministerio de Trabajo de la provincia de Buenos Aires intervino la situación y citó a la firma a una audiencia para este lunes, con la orden de presentar una propuesta concreta destinada a destrabar el conflicto.
La trayectoria de Valmax se remonta a 1980, cuando el austríaco Peter Ploder fundó la empresa y apostó por un producto sin desarrollo local: la solución fisiológica en formato monodosis. Además de marcar la marca, la firma impulsó un segmento del mercado farmacéutico argentino. Las ampollas de suero, hoy disponibles en farmacias, fueron una innovación que Valmax llevó adelante tanto con su marca propia como produciendo para terceros. Entre otros productos, el laboratorio consolidó las lágrimas artificiales Valmafilo, que junto a las monodosis se convirtieron en sus dos pilares comerciales.
Aunque de origen europeo, Ploder desarrolló su carrera profesional en la Argentina, se graduó de farmacéutico en la UBA y estableció su domicilio en Haedo, provincia de Buenos Aires, antes de fundar Valmax.
En febrero de 2014, Ploder decidió desprenderse del 66,6% de la participación que poseía y vendérsela a su socio minoritario, Alfredo Delgado, quien hasta ese momento controlaba el 33,3% restante, según informó entonces Pharmabiz. Bajo la dirección de Delgado, sus hijos Cristian y Javier se incorporaron al directorio y la empresa orientó su perfil productivo hacia la fabricación de formas líquidas y semisólidas, tanto estériles como no estériles, para terceros.
Con la nueva gestión se dio una expansión agresiva: Valmax quiso saturar el mercado con sus productos, tanto de marca propia como a través de la producción para terceros, y participó de licitaciones públicas para convertirse en proveedor del Estado. La estrategia implicó un fuerte incremento de la producción, pero mantuvo una plantilla de entre 60 y 70 trabajadores.
La realidad, sin embargo, fue otra. Según allegados a la compañía y a los trabajadores, la sobreproducción generó un stock excedente que coincidió con una caída en la demanda, a poco de lo cual clientes como farmacias, hospitales y droguerías empezaron a comprar menos. A ello se sumó un problema estructural de depender de contratos y compras externas, que fue agravando la situación financiera y operativa de Valmax.


