El 20 de octubre de 1976, Diego Armando Maradona dio el salto a la primera de Argentinos Juniors para disputar la segunda mitad del encuentro frente a Talleres, en el marco del torneo Nacional. Reemplazó a Rubén Giacobetti y lució el dorsal 16. Tenía apenas 15 años y 355 días, y esa tarde, desde la Paternal, nació una historia que luego se convertiría en una de las más resonantes del fútbol argentino.

Con el paso de los años, Maradona aclaró que ese debut en Primera le dejó la sensación más grande de su carrera, incluso por encima de su triunfo en México: aquel momento lo hizo sentir como si tocara el cielo con las manos. Años después, aseguró que aquella emoción fue la más intensa que experimentó en su vida deportiva.

La presencia del joven en el estadio de Argentinos, que en aquel entonces era un escenario modesto, respondió más al rumor de su promesa que a una afluencia masiva de público. En ese periodo, las entradas para partidos entre semana solían venderse en menor número y el recinto carecía de iluminación artificial, características propias de aquella época.

Las cifras oficiales de la Asociación del Fútbol Argentino reflejan que la jornada dejó una recaudación de 1.273.100 pesos por un total de 7.737 entradas vendidas. Aunque no hubo una multitud desbordante, la expectativa era notable: el debut de un chico de tez morena y rizos que ya mostraba desparpajo y talento singulares.

Cuenta la crónica que, apenas salió del vestuario, Montes, entrenador de Argentinos por aquel entonces, le susurró: “Vaya Diego, juegue como usted sabe y si puede, tire un caño”. Y, en la primera pelota que tocó, le encontró la ventaja a su estilo: ejecutó un caño sobre Cabrera, señal inequívoca de que lo que vendría sería distinto.

Aquel Diego de La Paternal, con aire desafiante y una calma casi adulta, no buscaba dinero ni gloria; jugaba por el simple placer de hacerlo. Su debut fue solo un primer acto de una trayectoria que, con el tiempo, lo convertiría en uno de los referentes más grandes del fútbol mundial. Así, medio siglo después, esa tarde en Argentinos continúa siendo recordada como el inicio de una leyenda que traspasa generaciones.