Rubén Aníbal Giacobetti conserva un pequeño santuario de su paso por Argentinos Juniors: una camiseta, recortes y algún cuadro. Pero la pieza más valiosa no está a la vista: es el orgullo de haber estado presente cuando nació una leyenda.

Hace cinco décadas, el volante formaba parte de la cantera del Bicho y quedó grabado en la historia gracias a Diego Armando Maradona, entonces un juvenil de apenas 15 años. En el inicio del segundo tiempo de la derrota 1-0 ante Talleres de Córdoba, Giacobetti dejó su lugar en la cancha para Maradona, quien vestía la dorsal 16. “Me lo van a recordar siempre. El destino me premió”, recuerda Rubén Aníbal, a quien Infobae consultó para reconstruir aquel momento.

Giacobetti debutó en Argentinos en junio de 1976, durante un reclasificatorio que permitió al club permanecer en Primera. Explica que, en el Torneo Nacional, los técnicos promovían más a los jóvenes y era la vía para mostrarse: “Era el fogueo ideal para muchos de nosotros.” En ese marco, Maradona se estaba consolidando rápidamente: “Había dado el salto desde la Séptima a la Reserva, y luego a la Primera. En las prácticas se veía que era distinto; se venía lo que sería.”

Para el encuentro, el plantel caminó desde el lugar del almuerzo hasta el estadio que hoy lleva su nombre. El ambiente ya anticipaba que la entrada de Maradona cambiaría la historia. Giacobetti, que ocupaba el mediocampo por izquierda para contener la mitad de la cancha de Talleres, admite que esa actuación no respondió a sus expectativas: “Yo anduve flojo ese día, y todos sabían que Diego iba a entrar.”

El DT Juan Carlos Montes le pidió a Maradona que mostrara su juego y, si podía, algún caño. El joven respondió con la calidad que deslumbraba a todos: encaró, perdió la marca de Cabrera y dejó ver destellos de lo que sería su palmarés. Pero el gol visitante llegó por intermedio de Ludueña, y Talleres se llevó la victoria.

Con el paso de los años, Giacobetti siente, incluso más, el valor de aquella experiencia junto a Diego. “No muchas personas tuvieron esa posibilidad. Fuimos privilegiados”, sostiene, mientras se prepara para homenajes y conmemorar aquella historia que aún resuena.

Aquel día, cuando fue sustituido por Maradona, quedó también la imagen de un equipo que avanzaba a pie hacia un estadio que, décadas después, seguiría recordando al astro. En la actualidad, Giacobetti dirige una inmobiliaria en Villa Urquiza, cargo que ejerce desde 1984, y afirma que esa anécdota le genera mayor satisfacción con el paso del tiempo. »Dios me puso ahí», suele recordar, ajustando un relato que hoy forma parte de la memoria del fútbol argentino.