Quiero tu sexo (I Want Your Sex) es una producción de Estados Unidos estrenada en 2026 que llega a las salas argentinas tras su debut en Sundance meses atrás. La dirige Gregg Araki, y el guion es obra de Karley Sciortino junto al propio Araki. El elenco está encabezado por Cooper Hoffman y Olivia Wilde, acompañados por Mason Gooding, Chase Sui Wonders, Johnny Knoxville, Margaret Cho, Daveed Diggs y Charli XCX. El estreno en Argentina se confirma como exclusivo para salas, sin estreno simultáneo en plataformas.
El filme se inscribe en una mezcla de estilos y géneros: comedia negra, sátira erótica, coming-of-age tardío, policial psicodélico y un retrato mordaz del mundo del arte. La historia sigue a Elliot, un joven que intenta navegar la pospandemia con serias dificultades para sostenerse, viviendo con su mejor amiga. Todo cambia cuando consigue trabajo como asistente de Erika, una artista plástica cuyo cuerpo laboral gira en torno a distintas exploraciones de la sexualidad.
A partir de ahí se despliega el juego clásico de los opuestos que se atraen: Erika es una mujer mayor, muy segura de sí misma y, a la vez, manipuladora; le propone a Elliot convertirse en su objeto sexual. Él, fascinado por su presencia, acepta y se adentra en una relación que funciona como una batalla generacional entre la Gen X y la generación de los centennials. Para reforzar esa dinámica, Araki recurre a recursos inesperados, como la animación, que le dan a la película un tono lúdico y caótico.
El choque entre la toxicidad de Erika y la candidez de Elliot genera tensiones, pero el director logra encadenar una serie de finales felices encadenados, cargados de malicia. En ese sentido, la película puede leerse como una celebración del vínculo asimétrico entre una mujer mayor y un hombre más joven, un esquema que, a diferencia de otros, sigue enfrentando prejuicios sociales y, aun así, permanece vigente en la ficción.
En lo actoral, Hoffman y Wilde aportan una química notable que sostiene el conjunto, incluso cuando la propuesta apela a planos más osados o ambiguos. Si bien quizás no sea la obra más destacada de la trayectoria de Araki, su llegada a las salas argentinas representa un hito para el cine independiente y queer local, al tiempo que mantiene vivo el pulso provocador de su cine.



