Una corriente emergente en el mundo tecnológico está cambiando la forma en que se financian las startups de inteligencia artificial. A estos emprendimientos se les llama neolabs, una etiqueta que empieza a ganar terreno a medida que investidores desembolsan sumas millonarias para proyectos que todavía no comercializan nada.

El caso más visible reciente es Flapping Airplanes, una firma estadounidense dedicada a investigación en IA. La compañía obtuvo una ronda de inversión por US$1.000 millones, liderazgo compartido entre Index Ventures y Lux Capital, con la participación de otros players como Sequoia Capital, GV, Kleiner Perkins y Nvidia. En enero de este año, la misma empresa había logrado una primera captación de capital por US$180 millones.

El tamaño de la operación no está relacionado con ventas actuales, sino con el valor potencial de la tecnología que buscan desarrollar. Su objetivo es encontrar métodos para entrenar y ejecutar modelos de IA utilizando menos datos y menos capacidad de cómputo, recursos que ahora resultan críticos ante la creciente demanda de chips, infraestructuras y energía.

Este fenómeno forma parte de una tendencia en la financiación tecnológica: mientras las startups tradicionales deben demostrar ventas y clientes antes de obtener rondas grandes, las neolabs buscan fondos para investigación con la expectativa de que sus descubrimientos puedan convertirse en tecnologías de uso amplio en la economía digital.

La lógica económica es clara pero arriesgada: si una técnica logra reducir de forma sustancial el costo de entrenar o utilizar IA, su tecnología podría convertirse en un insumo estratégico para empresas que operan a gran escala. El mayor riesgo es que los resultados comerciales dependan de avances que aún no están garantizados.

Un informe de septiembre pasado del fondo VC Cafe, con sede en Israel, identificó diez neolabs que, en promedio, habían levantado alrededor de US$11.600 millones en sus rondas más relevantes divulgadas. El análisis también subrayó que el progreso entre estas firmas es heterogéneo: algunas ya publicaron modelos o herramientas utilizables, mientras que otras no ofrecen productos de acceso público.

Entre los casos destacables figura AMI Labs, un laboratorio impulsado por Yann LeCun, exresponsable científico de IA de Meta, que recaudó alrededor de US$1.000 millones en marzo de 2026. Su objetivo se orienta a avanzar en sistemas de IA, aunque los detalles operativos de su proyecto completo no se especifican en el resumen público disponible.