Un equipo de ingenieros de la Escuela Politécnica Federal de Lausana (EPFL), en Suiza, presentó un motor diseñado como hilo que podría integrarse directamente en prendas textiles para ayudar a mover el cuerpo humano. El prototipo mide entre 1 y 3 milímetros de grosor y convierte señales eléctricas en movimiento de forma continua, sin necesidad de componentes rígidos ni engranajes voluminosos.

La propuesta, denominada FiberMotor, se apoya en dos filamentos huecos y concéntricos que funcionan sin engranajes gracias a atracciones electrostáticas. Con electricidad transmitida por cables de cobre del grosor de un cabello, las hebras pueden avanzar en ambas direcciones sin aumentar su temperatura ni depender de imanes. A diferencia de los tejidos artificiales convencionales, que suelen perder potencia al estirarse, este sistema mantiene una fuerza constante a lo largo de su recorrido.

En pruebas iniciales, un grupo de cuatro filamentos en paralelo logró levantar 46 gramos y activar las articulaciones de un dedo robótico. Además, el rendimiento energético del mecanismo se aproxima al que genera la musculatura humana, indicaron los investigadores.

La estructura flexible facilita su adaptación a las curvas anatómicas del cuerpo. En ensayos de laboratorio, la unidad funcionó de forma continua al integrarse en una prenda ajustada a la articulación de la rodilla, donde tuvo que soportar pliegues de radio de 60 milímetros. Según recordó Herbert Shea, director del Laboratorio de Transductores Blandos de la EPFL, se trata de la primera hebra motorizada con desplazamiento deslizante capaz de generar la tracción necesaria para mover componentes de robótica blanda.

El diseño interno evita bloqueos bruscos ante gestos inesperados: si el usuario aplica una fuerza repentina o en sentido contrario, las hebras se deslizan entre sí de manera suave para no dañar el mecanismo ni provocar tirones. Esta característica, que permite una respuesta más natural, resulta clave para prevenir lesiones durante terapias físicas y para una convivencia armónica entre paciente y máquina.

Además, al prescindir de piezas metálicas que rocen entre sí, se reduce el desgaste y se favorece el ahorro de energía, lo que facilita el uso continuo con baterías de menor tamaño. Los módulos ya completaron más de mil ciclos de funcionamiento y operaron durante 24 horas sin perder eficacia. El equipo continúa afinando los últimos detalles técnicos antes de iniciar evaluaciones con pacientes. La investigación fue publicada en la revista Advanced Materials.