Un equipo de la Universidad de Cornell observó que el pez remo (Regalecus spp.) puede desplazarse hacia adelante y hacia atrás sin flexionar su cuerpo alargado, gracias a la aleta dorsal, una estructura de la que se sabe poco. El análisis se centró en esta aleta, sostenida por una red de radios que componen su soporte.

La motivación para estudiar este mecanismo también tuvo un giro hacia la ingeniería. Rob Shepherd, director del Laboratorio de Robótica Orgánica de Cornell, colaboraba con la Office of Naval Research de Estados Unidos para diseñar un robot acuático de gran tamaño y bajo ruido. El objetivo era crear una máquina capaz de transportar instrumentos de monitoreo oceánico sin asustar a peces u otros animales. Según Earth.com, esa propuesta contempla un robot capaz de nadar en ambas direcciones con un sistema inspirado en la aleta dorsal del pez remo.

El estudio, publicado en Ichthyology & Herpetology, reveló que cientos de radios, estructuras rígidas que sostienen la aleta, pueden girar de forma independiente y completa. Cuando se activan de manera secuencial, generan ondas a lo largo del tejido dorsal, permitiendo al pez orientar su trayectoria sin depender de las ondulaciones laterales clásicas de otros peces de cuerpo largo.

En términos anatómicos, la aleta dorsal es la lámina que recubre la espalda. En el pez remo, está formada por una delgada capa de tejido sostenida por numerosos radios articulados en su base. Cada radio está conectado a músculos y cartílagos mediante una articulación que le permite girar en distintas direcciones, con un rango cercano a 360 grados, similar a una palanca de control mecánica.

La investigación indica que el pez utiliza la aleta dorsal para impulsarse sin mover el cuerpo lateralmente, si bien también presenta ondulación del cuerpo como otro recurso de locomoción. La activación coordinada de secciones de la aleta genera ondas que recorren la estructura, empujando al animal en distintas direcciones y permitiendo avanzar o retroceder con el tronco relativamente recto. A diferencia de otros sistemas, las ondas no tienen por qué propagarse todas en la misma dirección; una parte puede empujar hacia la cola y otra hacia la cabeza, otorgando un control más preciso de la trayectoria.

Los investigadores señalan que los radios de la aleta pueden cambiar patrones de manera continua y de forma muy rápida, y que su movilidad es notable, lo que facilita ajustar la propulsión a lo largo de toda la aleta dorsal.

El análisis de un ejemplar reveló la existencia de 401 unidades funcionales distribuidas a lo largo del dorso, cada una con su propio conjunto de soportes, músculos y articulaciones que permiten este control fino de la propulsión. Este hallazgo ilumina un mecanismo dorsal complejo que podría trasladarse al diseño de vehículos submarinos capaces de maniobras precisas sin depender de movimientos corporales extensos.