Los avances anunciados desde Casa Rosada sobre un pronto tratamiento de la reforma política chocan con la realidad de la Cámara alta, donde aún no aparece la señal clara de respaldo para eliminar las PASO. Un operador cercano al gobierno afirmó que, pese a los mensajes optimistas, esos pronósticos siguen siendo más deseos que certezas.
En una lectura complementaria, otra fuente oficialista sostuvo que, por ahora, el jefe de Gabinete, Diego Santilli, logró cerrar pocos acuerdos firmes y depende de promesas de varios gobernadores. Muchos de estos dirigentes, con larga trayectoria política, advierten en privado que podrían no cumplir antes de que el Ejecutivo demuestre garantías, en un contexto en que el Gobierno es visto con cierta desconfianza por no pagar de manera consistente sus compromisos.
La misma fuente explicó que, en algunos casos, el “precio” para obtener el voto a favor de la eliminación de las PASO parece fuera de alcance, lo que alimenta dudas sobre la solidez de los acuerdos. Destacan, por ejemplo, a un líder provincial del norte que busca la habilitación de la Corte Suprema para volver a postularse, una posibilidad hoy vedada.
Una anécdota recogida por un diputado con acceso a la Casa Rosada ilustra la fragilidad de las negociaciones. Según esa versión, cuando Santilli afirmó contar con los votos, se le pidió hacer un conteo más detallado para identificar cuántos de los apoyos estaban realmente garantizados. El recuento arrojó 31 respaldos, una cifra muy distante de la mayoría necesaria.
La matemática es clara: para obtener la reforma electoral hace falta la mayoría absoluta, es decir, 37 votos en el Senado. En ese marco, los votos “van y vienen” y no hay certezas firmes, señalan dirigentes con asiento en la mesa política. La tensión persiste entre los gobernadores, que exigen garantías de no ser competidos en sus distritos, y el gobierno, que empuja la eliminación de las PASO como condición para avanzar.
En este contexto, la bancada conducida por Patricia Bullrich, en el Senado, mantiene la expectativa de que existan movimientos que permitan cerrar un acuerdo, pero, por ahora, no hay señales concluyentes. La reforma electoral continúa sin una fecha de definición y sin votos sólidamente asegurados, a la espera de que las cuentas se ramifiquen de forma favorable para el Ejecutivo.



