Buenos Aires, 18 de octubre. Un relevamiento realizado durante septiembre mostró un panorama preocupante en los hogares: el 72% de las personas menores de 40 años se queda sin ingresos antes de terminar el mes y el 60,9% debió recurrir a algún tipo de endeudamiento.

Según la consultora Zentrix, aproximadamente dos tercios de los encuestados agotan su dinero a más tardar alrededor del día 20 del mes. Además, el 83,3% de los entrevistados pertenece a la clase baja.

El informe indica que el calendario del ingreso se acorta para buena parte de los hogares: casi cuatro de cada diez no supera la primera quincena con sus entradas, y solo el 34% logra llegar a fin de mes. El ahorro es mínimo, apenas un 9,8%. En ese marco, el crédito funciona más como una extensión del ingreso que como gasto planificado: el 55,1% de los endeudados lo utiliza para cubrir gastos básicos (alimentación y salud), el 21,3% para pagar tarifas y servicios, y el 11,8% para adquirir bienes durables.

En materia de morosidad, la opinión pública está más definida: el 67% espera alguna intervención del Estado. Dentro de ese grupo, el 36,1% considera que se trata de un problema de toda la sociedad y que el Estado debe hacerse cargo; el 30,9% sostiene que, aunque sea un asunto entre privados, el Estado debería intervenir; y el 29,1% opina que no corresponde al Estado actuar.

Por ahora, el debate no se centra solo en si debe intervenir el Estado, sino en cómo: entre quienes esperan acción estatal, el 61,3% prefiere regular las condiciones y el otorgamiento de créditos; el 23,6% propone refinanciar deudas a través del Banco Central; y el 7,5% aboga por una condonación por ley.

El análisis concluye que, en septiembre, el problema subyacente de los hogares ya no es solo cuánto se gana, sino cuánto dura ese ingreso. Para los menores de 40 y para la clase baja, el dinero se agota antes de cerrar el mes, hay escaso ahorro y el crédito pasa a ser una herramienta de subsistencia. Esa deuda se paga con el ingreso del mes siguiente, que rinde menos y frena la capacidad de ahorro, alimentando un ciclo de endeudamiento. Si no cambian las condiciones, la morosidad podría seguir creciendo y el deterioro de la economía cotidiana de los hogares podría filtrarse al sistema financiero argentino.